21 enero, 2020

El mapa de la oscuridad (II)



Todos preferíamos pensar que el universo alberga propósitos y medios benévolos o que al menos la gente hace las cosas de la mejor manera posible, sin mezquindad, malas intenciones ni mentiras. La realidad es que eso sólo pasa en las películas: únicamente un guión cinematográfico hace que quien está enamorado de otra cancele la boda en el último momento. En aquel mundo, menos que en ninguna otra parte, porque la mezcla tóxica de las apariencias, el alcohol y nuestro pequeño negocio de la falsedad nos situaba en las antípodas de las comedias románticas. Allí lo que se llevaba era más bien la estrategia de tierra quemada, la desesperación cotidiana del sonreír sin sentirlo, la frialdad telefónica, y en el centro ciudad de aquel lugar, o mejor dicho justo a la izquierda del centro, estaba yo.





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