30 mayo, 2019

Interior. Noche.


Interior. Noche. Un bar, luz amarilla. "Si no supiera que es imposible, diría que está celoso". Celoso de él, celoso de mí y de unas botas grises prestadas, de las risas a mi alrededor, de un amigo que me anima a hacer lo que quiera.

Una habitación blanca con un corazón en la puerta.

Yo masticando aquello de 'cause I'm not listening to you any more, my head is too sore and my heart's perforated, y no te miento, esto va a ser un desastre porque estoy aquí por otro, y el otro lo era todo en aquel momento, era una especie de agua sucia que no podía dejar de beber, y tú, tú y mis botas prestadas, tu cara de actor de Hollywood y esa expresión, contención y desdén. Eres preciosa. Eso me sirvió y fue suficiente. Lo justo para lanzarme de cabeza a una noche congelada, sin besos, caricias ni abrazos, pero con una belleza extraña. La suya. Un desastre de noche que terminó la mañana siguiente con un mutis por el foro sin despedida, conduciendo hacia el trabajo y sintiéndome aún abandonada en aquella cama.

Después de aquello te he visto varias veces, y ambos hemos actuado como si no hubiera ocurrido nada. Como si apenas nos conociéramos. Por eso no sabes que aquella noche del fin del mundo sirvió para algo: para dejar de beber de aquello y salir corriendo. Sigues siendo condenadamente bello, continúas teniendo esa pose de maldito y no sé si sigues viviendo en aquella casa con corazones en las puertas. En todo caso, va por ti. Porque lo importante debe quedar por escrito, aunque aquella noche ni tú ni yo nos lo mereciéramos. Lo que mereció la pena, aun retorcido y casi muerto, fue aquel instante de belleza.

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