11 julio, 2017

Todos los demás

Para el Arquero


Cuando no sé hablar ni sé volver, te recuerdo. Retrocedo sobre mis pasos, como aquella vez que perdí un pendiente y desanduve el camino con ojos de loca, buscando el brillo verde sobre la calzada. No se puede estar más solo que cuando se busca en soledad. Y yo nunca encuentro nada.

No encuentro más que la culpabilidad que supone saber que no eres todos los demás. Todos los que nunca fueron, no quisieron, no pudieron o no supe. Todos los demás y niebla. Todos los demás y el sonido de la lluvia. Soy mil pedazos, pero muy pocos son sólo míos. El robo. El expolio de las palabras que he guardado como balas, los hijos que no tendré, todos los demás que no son tú, todos aquellos a los que exigí pruebas de nada, o que me exigieron.

No sé el qué, pero lo hicieron.

Mientras, cada uno de nosotros mira el cuadro en silencio. Tú al reverso y yo a la superficie pintada. Somos los supervivientes de esta guerra que no existe. Supongo que todo(s) lo(s) demás carecen de sentido.


[El cuadro es Rue St. Honoré, après-midi, effet de pluie, de Camille Pisarro. Ellos, como tú y yo, lo han seguido buscando.]

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