05 marzo, 2016

Bajo cero


Y es verdad, que una vez,
yo también intenté conseguir lo que tú,
y me encontré rodeado de gente
que no conocía
y todos sabían mi nombre.
Iván Ferreiro, Me toca tirar


Estoy en precario. Soy una de esas ecuaciones que alguien quiere demostrar. Llevo un signo de interrogación sobre la igualdad. No sé si soy, si fui o si sigo siendo. Lo único que sé es que me han vuelto las ganas de escribir y he abandonado la ocupación típica de mis últimos tiempos. He pasado de pasar la aspiradora y he arrancado todos los cables del ordenador para arrastrarlo al otro lado de la casa como arrastro las preguntas sobre mí misma por esta ciudad. Vivo en una casa con muebles de hielo, donde todo lo que no era transparencia me hería de forma casi irremediable. Soy una loca. Me consuelo pensando que es por el viento que siempre sopla aquí, por esta vida bajo cero que hace que todo vaya gradualmente dejando de moverse. He tenido que meditar en silencio acerca de muchas cosas. El silencio no es fácil cuando tú nunca callas, pero llega un momento en el que se hace sencillo. Un silencio de fin de semana, de lunes, de viernes, roto únicamente por un par de frases dichas a una cajera para que sonría, como si tuviera que saber que dentro de mí aún hay algo que se resiste a la traición, algo muy pequeño que aún juega, una diminuta brizna que cree y que de alguna forma se consuela.

Estoy en precario y tengo miedo. Si algo he dicho muchas veces es que había perdido las ganas de contar. Y él me ha dicho muchas veces que soy una narradora. A mí me gustaría más que me hubiera calificado de poeta, o de actriz maldita esperando ser descubierta. Pero me toca contar, como estos años me ha tocado tirar. Y ya no voy a tirar más que lo imprescindible. Tanto me estaba haciendo mucho daño. Así que vuelvo, retomo, pido perdón de antemano por el músculo de la escritura que quizá haya perdido su fuerza. Puede incluso que haya muerto. También es posible que de todos los que estábamos por aquí ya no quede nadie. Muchos se han ido a las novelas, a los escenarios y a las películas. Otros se consumen ahora mismo como poesía de formato familiar. Iba a pensar que importa, pero casi me da igual. Decidiré no fregar los platos y me dedicaré a escribir. No sé por qué me ha importado el estado de mi cocina hasta ahora.

Estoy en precario. Necesito espacio, y en esa búsqueda habrá muertos.

Virtuales, claro, pero quedan avisados.


2 comentarios:

ETDN dijo...

Aquí seguimos. Leyéndote. Los silencios y las palabras. Lo que te salga contar. Cada historia tiene su ritmo, sus momentos.

Y qué decirte del frío. Si tuviera que elegir la forma de morir no tendría dudas: abrasada en el fuego de una hoguera y entre gritos, que sólo quedaran cenizas. Mi peor condena sería una muerte por congelación, lenta y silenciosa, en la que además quedara todo intacto y azul.

Besos y calor de chimenea.

kika... dijo...

Ay, ay, cada vez estoy más de acuerdo contigo. Siempre he tenido una vena mediterránea más que acusada, pero aquí te diría que se me nota más... :D

Besos y magia (y gracias por estar ahí),
K