24 junio, 2013

Inapetente

Podría decir que no he escrito por muchos motivos, todos ellos más o menos honrosos. Crisis creativa, preparación de un proyecto literario mejor (o mayor, al menos), participación en concursos, no he tenido tiempo, no he tenido ganas. Todas esas son decentes, pero la decencia literaria no es lo mío. No he escrito porque no he querido enfrentarme a lo escrito. O mejor, he escrito, sí, pero poco y malo y muy, muy triste, y quizá lo de que sea poco no importe, y lo de que fuera triste hasta podría tener su puntito, pero no me gusta infligir lo malo. Me da vergüenza aunque esto sea un blog que no lee ni el Tato. Hay que mantener una calidad, sin caer en la decencia, eso sí.

No he escrito porque escribir me ordena la cabeza y lo que parece estupendo a veces es una tortura. Un blog es una especie de espejo deformante en el que es muy fácil mostrar un reflejo que te guste (más o menos) y que a los lectores les encante (dentro de unos límites). Para mí, ese espejo es escasamente cóncavo o convexo, y me devuelve una imagen con la que suelo estar razonablemente de acuerdo. Por eso sabía que si escribía no me convencería nada lo expuesto, no por su calidad literaria, que también, sino especialmente por las conclusiones que fuera a extraer sobre mí misma. Me he dejado ir y una mañana me di cuenta de que era incapaz de mirarme en el espejo del cuarto de baño, como Eduardo Noriega en Abre los ojos, porque sabía que si me clavaba en la imagen me echaría a llorar, y una no quiere ir por la vida con el moco en la nariz y la lágrima en el ojo, al menos no todo el rato.

Algo se mueve porque he vuelto. Lo bueno de los blogs es que puedes volver cuando quieras. Es gracioso porque he estado meses diciendo que volvía para quedarme. Ahora ya no puedo asegurar ni eso. A lo mejor he vuelto porque hay silencio en mi casa - mi telemadre empieza a ver la tele demasiado alta - o quizá porque algo se me está removiendo dentro. Nadie es consciente de ese movimiento, o quizá nadie que necesitara ser consciente del mismo. Nadie es consciente del riesgo de un estómago como una lavadora y un corazón que trata de quedarse a vivir en garganta.

Ha pasado casi un año. Dentro de cinco días serán once meses inexactos. A ratos pienso que en realidad no ha pasado el tiempo y sigo viviendo en una noche o en un abrazo o vete a saber dónde. No he llegado a 2013. No me tomé las uvas.

Y lo más importante, no he querido escribir la historia.

He aprendido algunas cosas. Pocas pero importantes. No sirven de nada los consejos ni los juicios. Pedir ayuda no me ha dado resultado. He tenido ganas de gritar que esto se solucionaba fácilmente, que bastaba con coger el teléfono y llamarle. He deseado ser las mujeres de muchas canciones: la de I Drove All Night, o la de Así fue. Una de esas que en lugar de un no te vayas usan un tú verás.

Lo malo del asunto es que no soy ninguna de ellas y estoy sola. Perdón, os he pedido que me dejarais sola. A ver si va a parecer que os echo algo en cara. No es verdad. Hay muchos que si me vierais por la calle, ni me reconoceríais: estoy más rubia y más delgada. La inapetencia literaria ha venido acompañada por inapetencia de la otra. Mi hermaníssima se fue y ha vuelto, y todo lo demás... como siempre, gracias. Bueno, algunas cosas no sé ni cómo están porque justo cuando la salud me dejaba volver a conectar con el mundo elegí irme a hacer otras cosas. Vamos a dejarlo ahí.

He descubierto algo que también sospechaba. Lo del valor de los consejos. Valen lo que cuesta darlos, es decir, nada de nada. Si me hubiera podido aconsejar a mí misma - o si yo no hubiera sido yo - me habría dicho que lo mejor, que lo propio, que lo correcto era salir corriendo. Aún no entiendo por qué algo de esto tiene sentido. Probablemente es porque en realidad no lo tiene y yo he hecho lo de siempre: rellenar los espacios con otra información. Así me va. Lo que no acepto es eso de que la sarna con gusto no pica: estar metida en la mierda no te impide percibir que huele. Y cuando la mierda es muy gorda, el hedor no se tapa con nada. En ese caso, os queda lo que a mí. La determinación. Lo que no puedo es deciros en qué es mejor empeñarse. A estas inapetentes alturas, no tengo ni la menor idea.

8 comentarios:

Srta. Pasión. dijo...

Me siento totalmente identificada, Kika. Pero totalmente. Hasta límites insospechados.

A lo mejor podríamos quedar a tomar un café y hablar (o escribir en servilletas, o dar vueltas por la calle, o no hacer nada). Lo mejor es no pensar.

Mucha magia y abrazos.

Srta Pasión.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Ambos andamos peleándonos con espejos deformantes, y hemos decidido volver a escribir aquí el mismo día...
...No sé si eso quiere decir algo, en todo caso me alegro de que nos una al menos esta casualidad de fechas y de empezar de nuevo...
:-)

kika... dijo...

Hagámoslo.

L. tiene mi número. Le digo que te lo pase.

besos
y magia,
K

kika... dijo...

Tú y yo, MigueMaya y yo, estamos unidos por un cordón umbilical que tiene muchas más venas de las que pensábamos, me da a mí...

(he tenido que superar mucho para volver, y no sé ni si he vuelto, pero si es a la vez que usted, aplaudo, qué quiere que le diga, Mr. Maya...)

Queens dijo...

me alegra leerte de nuevo.
besos
Q

kika... dijo...

Eres la mejor, Queens. Tú sí que nunca abandonas. No sé si he vuelto para quedarme, ya lo veremos...

besis,
K

Tu Amiga La Escritora dijo...

¿Tempus fugit? ¿Carpe diem?
Te digo que lo imperecedero es lo que dejas escrito, lo que has creado. Irse y volver es una condición o un estado. Hay que dar carpetazo. Un día uno se ríe de lo pasado. O lo publica en forma de libro de papel, nada de eBook. ¡A la carga!, como decimos los de pa' allá.

arquero dijo...

Yo no me he tomado las uvas ningún año...y durante algunos comprobaba que sí que había pasado el tiempo y que tenía algo en mi haber leyéndote a ti, aquí.