04 mayo, 2013

Esa gente que no eres tú pero que siente lo mismo que tú



Me encanta la vida, es muy divertida.
Intento ser feliz, que es lo más anarquista que hay.




- Anda, Tato, siéntate aquí en mis rodillas, que te cuento un cuento.
- Jo, Kika, si yo voy, pero es que estoy en 3º de la ESO...
- Anda, déjame que te lo cuente, que estoy de bajón.

Los adolescentes como Tato odian al mundo, pero siempre he tenido la suerte de que él sería incapaz de hacerlo conmigo, probablemente porque no soy del mundo. Y punto. Así que se sienta en mi regazo - madre mía hay que ver cómo pesas - y se deja contar mientras parpadea despacio. No conozco demasiada gente que parpadee así. Quizá sólo Tato y mi abuelo.

- ¿Y de qué va, Kika?
- Pues es un cuento sobre gente a la que no he visto nunca.
- Pues vaya tema.

Tiene razón. Así, mal contado, es directamente una mierda de tema, pero sabe que es el que tengo, y que a veces los sujetos se escogen aunque la mayor parte de las veces me eligen a mí.

A mucha gente les gustan las series, y yo creo que no es por la acción, sino por los personajes. Siempre hay alguno con el que identificarse, y como una serie es mucho más larga que una película, la cosa da para mucho más. A mí no me encantan las series, más que nada porque nunca tengo demasiado tiempo para seguirlas, por lo que mis personajes favoritos, aquellos hacia los que siento empatía, andan sueltos por mi vida. Y a algunos ni siquiera los conozco.

Por ejemplo, está J. No sé ni su nombre completo, pero lo que sí que sé es que en la facultad se enamoró de la madre de L, pero evidentemente no se casó con ella porque si se hubiera casado con ella L no existiría. La madre de L se casó con el padre de L, y me imagino que el pobre J se quedó con un palmo de narices. Supongo que hizo lo que pudo, que siguió con su vida - ahí tengo que decir que hay gente cuya resistencia a la devastación amorosa es mucho mayor que la mía - y vivió sin ella. No es correcto querer morirte por amor, Tato. Quiero decir que está bien visto en los libros, en las pelis o en las óperas, pero estar jodido porque quien tú quieres no te quiere en los tiempos que corren es una mierda muy gorda. Creo que te colocan en la planta de psiquiatría justo al ladito de los sociópatas. Y te llaman pringao. Total que yo habría llorado hasta que no me quedaran ojos, pero J siguió con su vida. Oye, a lo mejor antes lloró y todo. No lo sé y da igual.

- ¿Y qué pasó con él?

No te creas, Tato, que esto es una película, aunque a J las cosas le salieron bien. Pasado mucho tiempo, J volvió a encontrarse con la madre de L. Y ella ya no estaba con nadie. Cuentan que le dijo que no iba a dejar pasar la oportunidad que le daba la vida. Y hoy están juntos. Si yo fuera de un partido político, sería del partido de J, aunque no lo haya visto en mi vida.

Pero hay otra gente a la que no conozco pero que sienten lo mismo que yo.

El Chico con Sombrero. Espera a alguien, y se pone triste y hace el estúpido cada vez que se separan, porque la chica del Chico con Sombrero no es su chica. Puede que porque no sea de nadie, es una gata que está solamente donde le da la gana de estar mientras todos desconocen sus motivos. El Chico con Sombrero no sabe nada, y me imagino que a veces espera con ese mal sabor que te sube a la boca cuando piensas que estás perdiendo el tiempo, y ya no estamos en edad de perder el tiempo, Tato. Pero él lo pierde. Y cuida de una vida que seguro que para él es el cordón umbilical que le une con ella. Quizá como J, trata de seguir con su vida, de pensar en otra cosa. Si el Chico con Sombrero se presentara a presidente, votaría por él, pero es muy probable que le apartaran del cargo por estar loco. Ya te he dicho que estas paridas por amor no se hacen.

Tato vuelve a parpadear despacio, y me susurra al oído:
- Te vas a pasar la vida llorando, Kika.

Y después se levanta de mis rodillas y dice bien alto que vaya mierda de cuento.

Madrid, 29 de abril de 2013
(foto: R. Foley)

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