10 febrero, 2013

Tres

Soplamos las velas de la tarta y pedimos tres deseos. Podemos pedir tres porque al fin y al cabo hemos cumplido tres veces  con el número tres y nos atruena la música, machacona desde algún altavoz, y esta terraza no es para el verano, hace frío y nadie tiene una chaqueta. Nosotras no somos nosotras esta noche: somos otras disfrazadas tres veces, maquilladas de hielo y sonrisas, y a lo mejor estamos muertas aunque el viento se nos esté colando entre los dedos de los pies, quizá los muertos sean ellos, que esperan a perder el hilo invisible de la ilusión e ignoran que la seda puede volverse a cardar y hacerse tres veces más larga, tres veces más resistente, tres veces más viva...

Todo es una especie de sueño y después una tormenta.

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