06 octubre, 2012

Mercado




Nadie podrá quitarme - me digo - la ilusión
de soñar que ha existido esta mañana.

(fragmento de La playa, de Eloy Sánchez Rosillo)



Tu olor me persigue en el mercado de pescado. Creo que por eso todos fruncen la nariz menos yo. Mi olor en tu olor me persigue. Pensé que la poesía volvería de golpe, pero el cerebro me la dosifica poniendo el corazón en bypass, porque no sé si puedo escribir de otra manera. Pienso mientras conduzco de madrugada camino de Mercamadrid. Te he dejado en casa hace apenas dos horas, casi no he dormido, tengo en el estómago un cierto vacío que me deja la extraña combinación de certezas e incertidumbre, recuerdo tus manos y mi desorden. Dentro me suenan el té de la mañana, bebido apresuradamente, Leonard Cohen, tu aliento, el origen del mundo en el espejo, los pendientes perdidos.

Hace tiempo que no oigo nada. Están empezando a darse cuenta. Lo saben los asentadores del mercado, los camioneros y los importadores de frutas tropicales. Lo mío no es ausencia, es una rebelión orgullosa, lenta y feliz, desconcentrada y alimentada de desconciertos. A ratos ni siquiera pienso, dejo que la vida chorree como el jugo de las ciruelas por el brazo.

Estoy convencida de el concierto de ayer será el último de Leonard Cohen en Madrid. Pensé que él estará siempre, cantándole con suavidad al abandono, mientras yo chapoteo en tu olor como en los charcos de agua de pescado, para terminar lavándome el cuerpo con limón, como Susan Sarandon en Atlantic City. Y a ratos (cada vez menos a ratos) tenerte, absorberte, salir a la superficie de un beso que huele a las primeras mandarinas de la temporada, apretadas en las cajas como nos abrazamos nosotros.

2 comentarios:

raskolnikov dijo...

Me ha encatado esta entrada. Todo sentimiento, todo expresividad!!

kika... dijo...

Abrazo de mandarina, querido Raskolnikov...

;)