28 octubre, 2012

Enjoy The Silence


El que quiere estudiar el amor siempre será discípulo.
Sarah Bernhardt


Sarah Bernhardt vestida de Cleopatra
(fotografía de Napoleon Sarony, 1891)


Mi casa no suele estar en silencio. Mi vida no suele estar en silencio. Siempre suena algo: algo de música, tráfico, el rechinar rítmico de los muelles de la cama, agua al hervir. Suelo luchar para tener, cuando menos, el chisporroteo de una vela que llevarme a los oídos. Pero hoy ha llegado el frío y se supone que he dormido una hora más, aunque en realidad he dormido lo de siempre, y me he encontrado atrancando bien todas las ventanas. Comprobé que no entraba el viento ni el ruido de la calle, apagué el televisor y como si de alguna manera mis pulmones supieran lo que había, comencé a respirar despacito. Para no oírme.

Mi poemario no nato se llama Apagón y dieta. Recuerda cuando tuve que hacer una dieta muy larga y muy dura, la purificación postmoderna, imposible, ridícula y a la vez salvadora de vidas. El apagón quizá era una metáfora del silencio, de ese silencio-condena que a veces he impuesto sobre otros. No necesito el ruido para sentirme acompañada. Hay luz. Estoy sentada delante de un papel en el que pone algo que no termino de entender, porque a veces miro y las letras se han cambiado de sitio, y otras veces no consigo enfocar lo escrito. Hago ver que no pasa nada, que nada me cuesta, mientras entorno los ojos, los párpados como toallas retorcidas, y pienso en todas las historias que me quedan por contarte, la de la Bernhardt y Tesla, y esa sobre qué había antes de que construyeran el parque de tu barrio...

... mientras, disfruto del silencio...
 

3 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...ssshh...

NáN dijo...

el nolencio me aturulla

kika... dijo...

A mí también, NáN, a mí también...

(y usted no se calle, Mr. Maya, please)

besos,
K