25 septiembre, 2012

Ráfagas (I)


He comprado un mapa. 
He trazado con un lápiz la ruta
más corta hasta la frontera.
He sacado todo el dinero del banco. 
La Idea. Repito los versos en voz alta,
los escribo en el reverso del recibo
del cajero automático,
en los bonos del supermercado,
en los azulejos del baño de un cine. 
Nada del viejo mundo sigue en pie. Nada.

(de Rosas, restos de alas
Pablo Gutiérrez)


Hoy ha llegado el viento. Los coches. Los gritos y el desorden llamado al orden. Llevo mi propia pancarta pero las letras son de agua y nadie puede verlas. El sueño recurrente de ser un pez empeñado en hacer pasar el aire seco de la tarde por las branquias, aire que es como la realidad, entra muy suave pero luego raspa.

Alrededor hay carteles de "se busca" con tu nombre.

Siento que de alguna manera tengo que seguir buscándote aunque te haya encontrado.

Mientras, mi barrio huele a ti. Mira cómo tiemblo. Pienso que hoy sería un buen día para raptarte. Toda la policía de Madrid vigila otra cosa. Yo aprovecho que nadie me mira para escribir, describir, escribirte, hablar con amigas que no existen de algo que no ocurre, y ellas
- recordemos que no existen -
me dan buenos consejos que en realidad solamente oigo yo.

Vienes en un tren que parece avanzar hacia atrás. Yo te espero en la estación como una alegre aprendiz de modelo de Doisneau, ora sobre un tacón, ora sobre el otro. A mí también me parece que el tren tarda.

Pero ya has llegado.

Estoy leyéndolo todo. Todo lo que quise olvidar.

Incluso lo que recuerdo.



No hay comentarios: