24 septiembre, 2012

El beso en la frente





Piensa que si un día ya no está
echaras de menos hasta su caminar
Su despertar su forma de hablar
Su mal humor, su estar mejor
Su pelo y su olor
Niebla, Supersubmarina




Él no me dio un beso en la frente. Me dio dos. Quizá si hubiera sabido lo que me iba a inocular me habría besado en los labios, apasionadamente, me habría abierto las piernas sin contemplaciones o habría hundido sus dientes en mi hombro derecho. Prefirió la frente.  Me había advertido del significado de ese beso, la diferencia con todos los demás, pero hacía tiempo que yo ya no estaba allí, que tú me habías espolvoreado otras ansiedades, que lo ocupabas todo. Hacía tiempo que te había mentido por teléfono para disfrazar de nada lo que ya sospechaba que era la eternidad, lo que me daba tanto miedo que se hubiera transformado en un siempre, para siempre, hasta la muerte. Te habías desprendido como un hielo de la cubitera y ya formabas una clase sólo tuya, un universo que dejaba de ser privado, porque estoy orgullosa, qué quieres que te diga, porque puede que como tú ahora no terminara de creérmelo. Recorrí el paso entre crear y creer. Y creí en ti, con todos los miedos. Con los míos y con los que pensaba que no tenías, y me dejo soplar como un vilano para estallar en miles de plumas, volar a tu alrededor. El tiempo que no paso contigo es tiempo muerto y huele a estanque.

Estoy tan segura que no me hace falta que digas que sí. Verás que me sobra con que me concedas el beneficio de la duda. Cuando tú quieras.

2 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...(ay)...

kika... dijo...

La que puede liar un beso en la frente...