07 agosto, 2012

Vida en lejanía


Para esos hombres lejanos
a kilómetros,
o a cientos de kilómetros,
o a miles de kilómetros...
(sabéis quiénes sois)


la banda sonora, con un clic aquí


Llegué después de algunos años
Y partí en el segundo en que llegué...
Iván Ferreiro, Canciones para el tiempo y la distancia


el cielo de Madrid, esta mañana
(sin filtros ni trucos ni nada)

Lo cercano es sencillo y casi, casi trivial. El primer plano de la vida. Lo difícil es vivir en la lejanía. A mí siempre me han fastidiado los cruces espacio-temporales, aunque pensándolo bien me molestan más las coincidencias imposibles: estar en el mismo lugar en el mismo momento y no encontrarse, no tocarse, ni siquiera conocerse. Soñar después con haber coincidido en la cola de la frutería, consolarme pensando que lo que fuera habría sido imposible, y lamentar que el espacio y el tiempo lo determinen casi todo, y quizá que el resquicio que queda lo determina la suerte. Ahora parece que mi mundo se hubiera rebelado imponiéndome lo contrario, haciéndome tragar la distancia, y cada vez que voy a preguntarle a alguien que cuándo coincidiremos la lejanía termina de forma abrupta con nuestra conversación, dejándome con la pregunta pegada al paladar. Cuando nos conocimos al Último Superviviente le parecía que Fuenlabrada era el fin del territorio conocido, y hablaba todo el rato de los trenes de lejanías, y se compró un coche, y después se hipotecó para venirse a Madrid, y a veces en Madrid me llama y está solo, no lo dice pero se siente así, y suspira.

Pienso (mucho) en setecientos kilómetros, pienso en siete mil. Pienso en el Sr. Maak al borde de una piscina, pienso en El Santo en su exilio, pienso en las explosiones cerca del Africano Blanco, que sigue siendo blanco pero ya no es africano, pienso en Dominique. Y cada vez que brindo por algo brindo también por los ausentes, por la falta de coincidencia en el espacio. Debería estar agradecida por habernos encontrado, al menos, en el tiempo, pero justo cuando lo voy a agradecer, sobreviene el nudo en la garganta. El tiempo me llena de impotencia. La distancia, directamente, me cabrea.

Hoy me han dicho que lo que mata las relaciones no es la lejanía, es la diferencia horaria.

Mientras, lucho por no quedarme dormida con el móvil entre las manos, para que en tu día me desees buenas noches.

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