21 julio, 2012

Providencia


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providencia.
(Del lat. providentĭa).
1. f. Disposición anticipada o prevención que mira o conduce al logro de un fin.
2. f. Disposición que se toma en un lance sucedido, para componerlo o remediar el daño que pueda resultar.
3. f. por antonom. providencia de Dios.
ORTOGR. Escr. con may. inicial.
4. f. Der. Resolución judicial que tiene por objeto la ordenación material del proceso.
5. f. Dios.


Dice NáN que ya nunca nos encontramos. Tiene razón. Cuando estuve cerca de aquello que nadie sabe qué es y que sólo los que lo hemos vivido alguna vez identificamos, solía subir su calle caminando muy despacio. Arrastraba los pies: en aquellos momentos diez pasos significaban el corazón a punto de estallar y una fatiga de calor africano aunque hubiera quince grados con tenue brisa. No podía detenerme en la sorpresa de seguir respirando, ni en disfrutar el momento. Me parecía no haber tenido nunca mi aliento dentro, eran días de miedo y de mascarilla de papel, de mirar abajo o arriba, de esperar. De pronto aparecía NáN, y yo no creía en la providencia-con-mayúsculas, pero quizá en una providencia pequeñita, o que las pocas fuerzas que me quedaban aún servían para producir las casualidades que siempre me acompañan. NáN – o Mariona, que también solía aparecer por azar tras invocarla – no sabe lo feliz que me hacía verle, por mucho que mi respuesta a su qué tal estás fuera un como puedo. Sin mayores explicaciones. No podía darlas tampoco porque nadie entendía qué me pasaba, pero me aliviaba su presencia, simplemente eso.

Por mucho que ahora recorra las mismas calles a las mismas horas, la providencia-en-minúsculas no me depara a NáN ni a Mariona. Ella está en la otra mitad del mundo, y él sigue por el barrio, claro, porque es suyo, pero prefiero pensar que no me lo encuentro porque no levanto la vista con una nube de tragedia y pido: mándame algo, alguien, ven, dime que sigo viva

Puede que la providencia sea otra cosa, porque es una palabra extraña que casi significa algo y lo contrario: voluntad divina y libre albedrío, anticipación o remedio. No debería preguntarme por qué has aparecido, o por qué no te has ido, o por qué estás – nunca puedo huir de un buen por qué – o por qué así, por qué ahora. Debería concentrarme en no asustarte, si es que tienes tendencia, en no rebañar, porque siempre rebaño sin intención de agotar.

No seas fungible. Aprendo rápido y soy adicta a (casi) cualquier variante de providencia.

Además, hace mucho que no me pregunto nada realmente importante.


6 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...(trago saliva)...
...(y sólo me salen onomatopeyas o interjecciones o un ¡buf!, o como mucho un "joder")...

kika... dijo...

;-)

(lo de las interjecciones a veces me ocurre a mí también)

¡Smuack!
K

Microalgo dijo...

Welcome to life, dama Kika.

Pero no me pierda al Nán de vista, que cada rato con él vale un tesoro.

Casi es lo que más me pesa de no vivir en Madrid, fíjese.

kika... dijo...

Es que es fantástico, Microalguita. A mí me daba la vida, literalmente, verle por la calle...

besitos,
K

NáN dijo...

Cómo sois, je, jé.

Aunque inmune a los insultos y a los halagos, este escrito tuyo me ha llegado al corazón, porque te refieres a una parte de mí que quiero ser (y que solo soy a veces): una fluidez de amor extenso, tranquilo y perceptivo.

Desgraciadamente lo soy poco, pero cuando sucede, me justifica. Por eso pienso muchas veces que me pasa como le pasaba a Serrat:

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero,
si les roza la muerte disimulan
que pa'ellos la amistad es lo primero.

Y así, de a poquitos, hacemos de este mundo algo mejor.

Besones

kika... dijo...

Pues conmigo, misión cumplida, Nano, y sirva este texto como agradecimiento...

besos,
K

(Y al público en general, os cuento que ayer, día espantoso, enfilo una callecita en Malasaña y allí estaba Nano. Providencial.)