16 julio, 2012

Cosas del amor que no entiendo… por mucho tiempo que pase (X): Josefina, no te laves




Hacía mucho que no escribía una de estas cosas del amor que no entiendo por mucho tiempo que pase, pero ha habido una petición popular y las solicitudes del oyente están para atenderlas.

- Mi amiga se cabreó muchísimo con el tío – le contaba yo a El Último Superviviente – Y pensar que le podría haber hecho un Josefina, no te laves
- ¿Un Josefina no te laves? De verdad, Kika, dices cada cosa...
- Oye, que es una cita cultural – la cara de mi interlocutor era un poema, muy cultural no encontraba el asunto - Es por una carta que le mandó Napoleón a Josefina. Dicen que ponía Josefina, no te laves. Voy. Por lo visto, volvía de una campaña en dos días y quería encontrársela fragante al máximo.
- Yo había oído lo de hacer un Ernesto de Hannover, pero ¿Josefina? ¿No te laves? ¡Qué guarros son los corsos! Menos mal que Josefina no era un hombre, porque los tíos no es que sudemos más, es que sudamos peor que vosotras…
- Es lo que tiene ser un líder mundial. Y déjame seguir contándote.

No sin antes hacer un excurso sobre las feromonas y contar eso de que amamos con el sistema límbico y el hipotálamo (siempre hay que decir las cosas con conocimiento de causa científico), le expliqué que este asunto no tenía nada que ver con el olor a humanidad. O con el olor de la humanidad.

Un Josefina, no te laves es para mí uno de los reyes del SMS o del whatsapp de las relaciones más o menos clandestinas. Siempre hay un momento en el que, por el motivo que sea, te ves obligada a separarte del contrario con el que tienes un rollo. Si se lo monta mal, la cosa puede acabar en tragedia, porque él se va a Boston, tú a California – vamos, te vas a casa – y lo que prometía una noche de lujuria y pasión termina en cabreo integral por tu parte. Parece que a algunos hombres se les olvida la existencia de los móviles por la noche, retroceden automáticamente al tiempo de los cinco duros en las cabinas y asumen que si te has ido a casa, pues nada. Que estarás durmiendo y que ya no se puede hacer nada…

¡Que no! Ahí entran al rescate Napoleón y Josefina. ¿Estás en el coche y la has dejado a ella primero para que los demás no se den cuenta de que estáis juntos? ¡Pues desde un semáforo le mandas un Josefina, no te laves. Voy.! Vamos, que le dices que te espere un poco, que ahora vuelves, o que en cuanto lleves a los demás vas a su casa, o que se baje a tal bar que enseguida te presentas, o que no se ponga el pijama, o que por el amor de todo lo que es sagrado estás enseguida con ella... Yo es que encuentro mucho más rápida la frase célebre, pero a lo mejor hace falta más explicación y es el momento de darla.

Si la contraparte no está dispuesta a esperar, pues nada, la próxima vez te lo piensas mejor antes de decidir el orden en el que llevas a la gente a casa, pero creo que puedo asegurar que esto es como lo del chicle sin azúcar. Nueve de cada diez dan un ratito de margen…


(la del cuadro es Josefina, claro,
menudas joyacas se gastaba...
concretamente esta tiara 
tenía un ópalo negro de 700 kilates llamado
"El incendio de Troya"... 
no se sabe nada de esa piedra
desde el estallido de la Primera Guerra Mundial...)


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2 comentarios:

Microalgo dijo...

Eh, no nos acuse, que para nosotros todo es un lío. O bien no interpretamos las señales bien, o tal vez es que las que nos envían son confusas y menos claras que una declaración de la portavoz del gobierno.

No nos agrada, en absoluto, enviar un mensaje de "voy en un ratito" y encontrarnos uno de vuelta que diga "ni se te ocurra, tío lapa".

Ante la perspectiva, no nos arriesgamos, y paradógicamente, nos arriesgamos menos cuanto más nos interesa la chica, porque tenemos más que perder.

¿Me equivoco si digo que la diferencia entre la seducción y el acoso estriba en si uno es guapo o feo? Súmele a esto que nosotros, por lo general, no sabemos si somos atractivos o no (excepto algún descerebrado jugador de futbol), de modo que, por favor, mándesenos señales claras o se arriesgan Ustedes a un buenas noches y buena suerte.

kika... dijo...

Tiene V.E. toda la razón. Lo que pasa es que en este caso las señales no hacían falta, dado que era un rollito de larga duración...

... pero sí, lo de las señales mezcladas, el lenguaje poco claro, el un día una cosa y al otro otro y el espérate que me pongo digna van a terminar dando al traste con nuestras relaciones.

Ha hecho usted muy bien en lanzar la advertencia. Pero dígale también a sus congéneres que luego no se asusten si decimos las cosas claritas. Que de esos cobardicas también hay, y no pocos...

Un besito, microalguita,
K