24 junio, 2012

El salto, la hoguera





Soy el único que piensa
que este amor es verdadero,
que no tiembla…
En shock, Pol 3.14




Mi barrio es más triste desde que prohibieron la hoguera de San Juan. Todos los años me acercaba con un papelito con mi deseo. Nunca se cumplía porque, al parecer, lo que hay que quemar es lo que ya no se quiere y no lo que se desea. Me gustaba saltar las brasas, aunque no me atreví hasta mucho tiempo después, una vez que fui sola a las fiestas.

Estoy tan cerca de las llamas que quemo todo lo que tengo cerca, y quizá haces bien en acercarte a mis huesos, a lo que no toma temperatura, a lo que solamente el fuego puede volver blanco de cal muerta. El consuelo de los vasos vacíos, de otros alientos que hierven, pensar que todos me quieren menos tú, resuena en alguna parte. Me rodean las hogueras, como en los caminos suecos de nieve y velas. Es difícil saber qué llamas son las que debo saltar y cuánto puedo acercarme. ¿Cuánto puedes acercarte a lo que no es blando es suave?

Mis huesos te retan, y, aunque creas lo contrario, no hablan de amor.

Hablan de no entender y eso es mucho peor, porque se defienden a golpes contra la incomprensión.



(La foto me la sacó El Santo)

2 comentarios:

NáN dijo...

Es difícil saber qué llamas son las que debo saltar y cuánto puedo acercarme.

Cuando se llega a saber eso, perdemos el sentido del juego de la vida.

kika... dijo...

Como siempre, querido Nano, das en el clavo...

:D

besitos,
K