03 mayo, 2012

El método Cutre-holm (segunda parte)


si no has leído la primera parte, haz clic aquí 

No nos habíamos equivocado. La selección comenzó mucho más pronto de lo que habíamos pensado. De hecho, había comenzado antes de llegar. La primera actividad era una dinámica de grupo por el campo. Para ello, nos habían dado unas instrucciones sobre qué equipamiento llevar. Lo más extraño era lo que nos habían enviado acerca de los zapatos: debían ser “de deporte” pero no “tipo tenis”. Cada uno apareció con lo que encontró más conveniente: yo llevaba botas de montaña, Arancha se había puesto unos merceditas con suela todoterreno... Y mientras íbamos al monte en el autocar, me di cuenta de que el que dirigía el curso nos miraba insistentemente a los pies. Lo que no terminaba de quedarme claro era quién había acertado. ¿El que se puso zapatillas de deporte? Al fin y al cabo, era lo más adecuado. ¿O quizá ganábamos los que habíamos seguido las instrucciones? Se puede apreciar que la cosa no tenía demasiado sentido. ¿Eso qué decía de nosotros? Como mucho, si estábamos dispuestos a hacer lo que nos decían. Y, por cierto, parece que sí. Nadie llevaba zapatillas de deporte.

Nos dividieron en tres equipos. Cada uno tenía un mapa. En nuestro grupo hubo dos chicos que se erigieron en líderes, diciendo que las mujeres no teníamos buen sentido de la orientación. En mi Facultad les habrían pegado un buen sopapo, pero hay gente con suerte y estos iban a una escuela de negocios que andando el tiempo le daría un diploma a cierto marido de la realeza. Se ve que allí las chicas no daban collejas al verse ofendidas, así que cogieron el mapa y salieron despavoridos. Triscar por el campo no es lo mío, así que me limité a seguirles sin matarme. Finalmente, llegamos a la primera prueba, donde con una tabla, unas ruedas y unos tornillos había que llevar a una compañera al otro lado. Los enteradillos de la escuela negocil decidieron que la mejor manera de reducir el tiempo que nos llevaría realizar la tarea era emplear la tabla cuan palanquín para transportar a la elegida, pero el tablón se partió por la mitad.

 - Pues nada, chicos, a reflexionar acerca de lo que ha ido mal en esta prueba – nos dijo la chica de Recursos Humanos que nos vigilaba.

- Lo que ha ido mal es que estos son unos idiotas – no pude controlarme – A ver cómo la cagan en la próxima prueba.

Ay, Kika. Qué inocente eras…

2 comentarios:

Microalgo dijo...

Qué cosas más raras hace la peña en tu trabajo, rediós.

kika... dijo...

Meloncito, ya he explicado que esto no es en mi trabajo...

:D

besos,
K