13 abril, 2012

Pretérito perfecto







I.
Dicen que las mariposas, en su lepidóptera estupidez, vuelan cerca de las hogueras de San Juan. Así murieron todas las de mi barrio, engullidas por las llamas de fiesta mayor; las del pueblo, churruscadas cerca de las barbacoas, entre los chorizos al infierno y las butifarras. El fuego las atrae, el aire caliente hincha sus alas de pañuelo de papel, de pronto se transforman en pavesas informes para acto seguido, desaparecer.


II .
Afirman que dentro de cada momento hay una copia imperfecta del momento siguiente, igual que las madres llevan escritos en la cara los rasgos de sus hijos no nacidos. Carecemos de la capacidad para interpretar ese futuro y vivimos bajo la frustración constante de no habernos dado cuenta de ese efecto Droste: un momento dentro de cada momento, la cadena de los días que deja de ser un collar de cuentas para convertirse en una familia de matrioskas. Del futuro imperfecto al pretérito perfecto.


III.
Nunca bebo café. Siempre hago preguntas. Y aquel día, me llevé la taza a la boca mientras permanecía callada.



(y como el efecto Droste exige
que haya
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2 comentarios:

trovador errante dijo...

Hola rubia,

Aún emocionado con tus mariposas y tu abuelo...y pensando en "Y aquel día..."...no quería dejar de dejarte un beso.

Además, ya sabemos que tu y yo tenemos ciertos paralelismos...antes de leerte, estaba pensando en subir a ver la primera parte del fútbol con mi abuelo...

Kike

kika... dijo...

Pues aprovecha, los abuelos mágicos son lo mejor del mundo...

(y gracias por darte cuenta de que la frase importante es "Y aquel día...")

besos
K