31 marzo, 2012

Servicios mínimos

Para las Ladies, por las confesiones


… when we first came here
we were cold and we were clear
with no colors on our skin
we were light and paper-thin…

Las buenas noches son las de recuerdos o las de revelaciones. Las de recuerdos pueden empezar en triste y acabar en feliz. O empezar alegres y terminar en la más absoluta nostalgia.

Las de revelaciones son distintas. Especiales. Ahí no se sabe lo que puede ocurrir. Si conociéramos de antemano los descubrimientos que nos deparan, es muy probable que saliéramos corriendo en dirección contraria. Las revelaciones de la noche nunca se hacen mirando al suelo, aunque pueden surgir en la cola de un teatro, en un coche aparcado, bajo un reloj de la Gran Vía o mientras alguien te sujeta el pelo para que puedas vomitar la cena. A veces las confesiones se caen de la boca como por casualidad, y otras van precedidas de un trago largo a una copa. O de un suspiro.

Las del suspiro son las dolorosas. No son como A. mirando con ojos enormes y labios rojos y revelando algo de lo que no se acuerda. Nos transfirió su sorpresa divertida: he decidido decíroslo ahora. Las demás lo escuchamos con una mezcla de shock mientras constatábamos que su mirada – y su confesión, claro – no buscaban la condescendencia ni la amnistía. Estaban ahí, con una dignidad enorme. Y nosotras supimos estar a la altura.

No hay una buena noche de revelaciones sin un yo soy. También lo hubo. Me di el gusto de decirle lo que verdaderamente opinaba, aprovechando el descubrimiento. Todo bien. Todo claro. Mejor tras la confesión.

… and when we first came here
we were cold and we were clear
with no colors on our skin
‘til you let the spectrum in…

La mía fue de las de suspiro. O debería haberlo sido. Pero ya era el día huelga y fue una revelación que ya estaba en servicios mínimos. Se la agradecí sin pensarlo, o puede que estuviera pensando exactamente hacer eso. A lo mejor me habría venido bien sufrir un poco. Eso lo dije sin pensar, o quizá estaba pensando exactamente eso. Las confesiones que cortan la conexión entre dos personas suelen ser traumáticas, pero me temo que yo no estaba dispuesta a que esta lo fuera. Mientras, lucho por olvidar tu nombre. Y mi nombre. Y todas las confesiones de suspiro que se hacen a la hora maldita. Miro hacia arriba. Son las tres.

Queda suspendido su derecho a huelga. Gracias por su colaboración.

Como dice Jotaeme, en mi vida no hay ningún servicio mínimo. Que venga alguien y me quiera designar no importa.

Todo sigue multiplicándose.


… say my name,
and every colour illuminates,
we are shining,
and we’ll never be afraid again…

(*toda la cursiva rosa es de la letra de
Spectrum de Florence + The Machine)

No hay comentarios: