22 marzo, 2012

El método Cutre-holm (primera parte)


Hoy iba a contar otra cosa, pero me he enterado de que una fábrica de Laempresa ha cerrado hoy, dejando a los trabajadores en la calle sin haberles dado el beneficio de un aviso previo. No sé por qué, no me sorprende. O lo sé perfectamente. Y también puede tener una cierta idea mi buena amiga Arancha Putin.

Ni Arancha ni yo nacimos con trabajo fijo. En el último año de universidad, las empresas buscaban gente a la que contratar. En mi facultad hubo un profesor que nos dijo que si teníamos buen nivel de inglés podíamos ir a un curso que ofrecía Laempresa.

El plan era sencillo: estudiantes de último año de esa cosa que se llama LADE pasarían tres días a todo plan en un Parador cercano a Madrid. Varias universidades privadas y una pública, la mía. Un día de dinámica de grupo triscando por el campo y las inevitables charlitas, además de degustaciones de productos, comilonas varias y diversión de todo tipo. A mí la cosa me pareció bien – siempre me ha gustado lo gratis – así que me apunté. No debía de haber muchos peticionarios, así que fui seleccionada y enviada con mi mochila al punto de encuentro.

He dicho que me apunté porque era gratis. No es toda la verdad. Yo le tenía ganas a Laempresa porque una vez pedí unas prácticas allí y se las concedieron al Lobo. Me quedé sin conocer los misterios empresariales pero ejecuté una de las venganzas que han hecho que mejor me lo pasara en el supermercado. Me ponía delante de cualquiera de los productos de Laempresa, y cuando veía que alguien iba a comprar uno, le decía a mi telemadre, a Lady K o a quien fuera frases del calibre de:
- Esta crema tiene unos ingredientes que ahora huelen muy bien, pero que dan una urticaria…
- Me han contado que los congelados de esta marca no respetan la cadena del frío.
- Tendrías que ver la fábrica donde hacen estas salsas…

El boicot extremo a los productos de Laempresa daba unos resultados estupendos. Al menos me calmó las ganas de asesinar durante una temporada. Y ahora gracias al cursito empresarial tenía la oportunidad de infiltrarme. Se iban a enterar los listos esos.

Cuando distribuyeron las habitaciones, vi que Arancha tenía la contigua a la mía.
- ¿Tú sabes de qué va la dinámica de grupo?
- Ni idea.

Qué fácil es hacer amistades…

Arancha y yo nos dimos cuenta enseguida de dos cosas fundamentales. La primera, que allí no pegábamos mucho. Y la segunda, que aquello no era un inocente cursillo. Era  una gymkana de selección de personal.

Así empezó lo que llamamos el Método Cutre-holm.

(continuará)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

:) qué tiempos...
Lobo

kika... dijo...

es una historia que quería contar, pero el cierre de la fábrica me la ha recordado de forma tan vívida...

K