09 noviembre, 2011

Todo lo que he dejado atrás


para la banda sonora

And I had a dream
About my old school
And she was there all pink and gold and glittering
I threw my arms around her legs
Came to weeping, Came to weeping

Then I heard your voice as clear as day,
And you told me I should concentrate,
It was all so strange,
And so surreal,
That a ghost should be so practical…
Florence + The Machine, Only If For A Night

Siempre la misma metáfora: voy caminando y llevo una mochila llena de piedras. Algunas son pequeñas, cantitos rodados de recuerdos, otras son radioactivas y densas, memorias malas de tragar. De pronto me paro a un lado de la carretera y me quito la mochila. Sólo entonces me doy cuenta de lo que pesa. Toneladas de bultos informes que cargo sin pensar. Justo cuando dejo de ser consciente de ellos, los abandono en el arcén, vuelvo a ponerme la mochila y sigo el camino.

Llevo una buena temporada pensando en el olvido. En el improbable caso de que alguien estudie lo que he escrito alguna vez, dirán que estoy obsesionada por todo lo que rodea a los recuerdos, a la acción de recordar, a la voluntariedad del recuerdo, a las fotos mentales. Hasta hace bien poco la otra cara, el olvido, me importaba más bien poco. Me imagino que puede tener un poco que ver con este poema. Sin embargo, el olvido es igual de fascinante, aunque menos activo. Acabo de dejar una piedra en los márgenes del camino casi sin darme cuenta. Hace tiempo me ocurrió algo que tardé muchísimo tiempo en olvidar. Quizá la roca más grande que arrastraba de un lado para otro. Y un día, al ir a buscar esos recuerdos al fondo de la bolsa, no supe dónde estaban ni qué eran exactamente. Lady K me recordó una parte, y para la otra tuve que acudir a lo que había quedado por escrito: un puñado de SMS, algunos correos electrónicos y lo que redacté en su momento. El resto, sorprendentemente, se había perdido. Desaparecido por completo. Reconstruir desde los retales no duele.

Quizá los hechos se marchen más despacio, pero quien los genera desaparece a una velocidad mucho mayor de la que pensamos. Es una constatación terrible y un bálsamo a la vez.

Me acordaré de algo de lo que pasó. De lo que olí. De los lugares que visité. Pero ni rastro de quien lo provocó. Puede que sea porque en realidad lo provoqué yo.

Tengo mucha más gracia cuando camino ligera…


3 comentarios:

kika... dijo...

... y un pequeño apunte técnico:

¡he activado la plantilla para móviles!

(ya sé que no tenía muchos problemas de carga, pero en lo sucesivo debería ser aún más fácil)

besos y magia,
K

raskolnikov dijo...

¡Qué lujo ahora leerte en el móvil! Muy buena entrada! Aunque hagas que uno se acuerde de los propios...

kika... dijo...

¿se ve bien? espero que sí... :D

y sobre el recuerdo de las propias piedras en la mochila, espero que recuerdes mi conclusión: el recuerdo es nuestro, no de las personas que lo provocan.

y además el olvido es mucho más rápido de lo que creemos...

besos
K