01 noviembre, 2011

Día de difuntos

Escribo a favor de algo o en contra de lo mismo. Ahora me gustan Miguel Hernández o Carol Anne Duffy, ahora los odio, ya ni me importan. Es raro escribir. Sé que suena muy poco profesional decir esto, y los que son profesionales de verdad siempre me contestan lo mismo. Bienvenida a este oficio, pero yo no quiero que se me pase esta extrañeza que me deja siempre a la orilla de los escritores sin serlo. Tengo la sensación de que el proceso creativo de la poesía es una especie de teléfono estropeado que trata de hablar constantemente con uno mismo, y a veces se desconecta solo y ni siquiera me doy cuenta. Puede estar cortado un lustro o treinta segundos, pero no lo sé, y trato de detectar que hay alguien al otro lado, aunque no me hable, me sirve con que respire o jadee por el auricular. De pronto, la sinapsis se recompone y vuelve el ruido incomprensible que parte en ocasiones de las tripas y otras veces del corazón, me suele doler. Esto jamás se lo confieso a los profesionales. No sé por qué lo estoy contando aquí para que algún listo lo descubra y me envíe mensajes en clave, como si esto de escribir fuera un secreto o tener un blog algo del otro mundo. No saben – algunos de los profesionales ni algunos de los listos, especialmente los listos – que yo nací haciendo lo que quiero, aunque me cueste. Me ha costado mucho, y sé que suena a cliché, aunque en realidad lo que me cuesta es darle importancia a quienes quiero, porque pasar de todo lo que no me importa lo encuentro bastante sencillo. No se me puede encerrar en ninguna parte – eso lo sabía bien El Lobo – es imposible, porque puedo camuflarme y hacer que lo estoy pasando muy bien hasta acercarme a una grieta y desvanecerme. Ahí te quedas, cautiverio.

El otro día estuve viendo El Desencanto, que a mi madre le parece una película terrible, y a mí no tanto, porque veo a Michi Panero y de alguna manera me gusta, aunque sea capaz de decir tan tranquilo que en él y en sus hermanos termina la estirpe, algo horrible más allá de lo evidente, terrible en el hecho y en sus consecuencias. Pero él lo dice tan tranquilo. La película, en el fondo, es el rostro bellísimo de Felicidad Blanc repetido un millón de veces, un ajuste de cuentas familiar, un obituario de una familia que se escribe de pronto y cuando todos estaban vivos, por mucho que la excusa de todo sea el padre muerto. A pesar de que es un escritor sin obra (eso dicen los cursis de la muerte), uno de esos artistas del aire, Michi es el que mejor dice la verdad. Igual que cuando concedió su última entrevista. A la pregunta de si cabía una mejoría en su enfermedad, respondió: Salvo para Enrique Vila-Matas y cuatro más, yo estoy muerto.

Me desmenuzo, me respondo al teléfono, me empiezan a dar vueltas los versos. A lo mejor estoy muerta y no me he dado ni cuenta. Soy capaz de eso y de cosas peores.

10 comentarios:

N.M. dijo...

sé de qué dolores hablas
creo reconocer a los profesionales y los listillos
es precioso que nos recuerdes a algunos incautos, que nos lleves volviendo con tus palabras, a donde todo empieza
haz cosas peores pero por favor no te nos mueras

besos (de los de siempre)
n

Anónimo dijo...

Me gusta tu blog. A veces son cosas tristes, a veces son alegres. Pero normalmente, dicen mucho más que la suma de todas sus palabras. Son episodios mágicos, están llenos de vida. Brillan. Casi las siento como emociones que salpican, pizpiretas y se entremezclan con recuerdos, a veces agridulces, para formar un cuento detrás de otro.

Sigue volando. Sigue libre.

NáN dijo...

La literatura es un disección del dolor del ser humano solo o de algún colectivo de seres humanos.

Si algún día faltara el Tema, estaríamos todos muertos.

Y no es cierto que Michi carezca de obra: lo que cuenta en las dos películas es obra (oral, pero obra).

No hay desencanto en literatura (solo en los merodeadores de las afueras), porque como dijo Céline: "Una vez dentro, a degüello".

kika... dijo...

Querida N.M.... intentaré no morirme, ya sabes que prefiero las cosas peores. Y los listillos que reconoces son esos, ya sabes, esos mismos...

(besos)
K

kika... dijo...

Anónimo... aquí cuento de todo, lo habrás visto ya. El cuento del cuento de mi vida hecha cuento y contada. Algo así. Y me alegro infinitamente de que te guste...

Un beso,
K

kika... dijo...

Querido Nano, yo no lo habría dicho mejor, la obra de Michi es su palabra (en las dos pelis, aunque la de Ricardo Franco no me gusta tanto)... Y yo soy una enamorada de Michi, lo dice mi telemadre...

(besos a degüello, Céline style)
K

Anónimo dijo...

¿Te he dicho alguna vez que te quiero?

kika... dijo...

... pues a mí eso no me lo ha dicho tanta gente...

Anónimo dijo...

Sí te lo dicen, pero a veces no eres consciente o no quieres serlo. Y seguro que te lo ha dicho gente que realmente te quiere.

kika... dijo...

Me lo dicen, ni muchos ni pocos, sino la cantidad que debe ser, y me doy cuenta perfectamente.

Y lo que es más importante, yo se lo digo a ellos... (y se dan cuenta, claro)...

(pero eso no es lo que me preguntabas, sino si tú me lo habías dicho, y como no sé quién eres, no sé si me lo has dicho)