01 octubre, 2011

El amor en los tiempos del café


Cada vez que me duele algo, la gente me pregunta si estoy nerviosa. Me fastidia la duda. No hay nada peor que devaluarle un dolor a alguien diciendo que se debe a la conexión entre la mente y el cuerpo: si no le duele de los nervios, probablemente le empiece a dar un ataque de ansiedad, porque siempre se termina pensando que los otros creen que se te está yendo la pinza. Que tu dolor es, en el mejor de los casos, imaginario… y en el peor, un síntoma de locura.

No quiero decir que no crea que el cuerpo no termina respondiendo a lo que está en la cabeza. Está claro que el centro de mando tiene que ver con lo que pasa más abajo. Pero no responde siempre igual, ni hay constantemente una relación forzosa entre causa y efecto.

Una vez pensé que me había dado una angina de pecho: apenas podía respirar y mi corazón parecía luchar cada vez que daba el siguiente latido. Un electrocardiograma después, descubrí que me había enamorado. Igual que Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera, solo que a él el amor le producía vómitos y cagalera. Si la relación mente-cuerpo tuviera alguna lógica, enamorarte te haría verlo todo color rosa, o flotar – de verdad – a medio metro del suelo. Pero el cuerpo es tan cabrón, o esa relación tan complicada, que igual caminas pisando corazoncitos que te parece estar a punto de morir.

Una vez, tomando una taza de café, La Confidencial me contó su propia experiencia al respecto. La realidad era que ella se tomaba el café que yo le había preparado mientras yo me tomaba un té, porque el café no me gusta nada. Aunque ella siempre me decía que mi café estaba muy bueno, yo lo veía un bebedizo que lo único que tenía bueno era el olor. Quizá no fuera ni apto para el consumo humano, vete a ver. El caso es que a ella le gustaba o decía que le gustaba, y le recordaba a un café que le preparó una vez un chico italiano que conoció en París. No sé cómo era el tipo en cuestión, pero siempre me lo imaginé con los ojos oscuros, cerrando la cafetera mientras le contaba algo a La Confi en francés con acento italiano. Los italianos siempre tienen acento. La Confidencial se tomó el café de su conocido fortuito mientras él la miraba a los ojos, y llegado el momento en el que a ella le pareció bien, se separaron.

La Confidencial siguió con su tarde parisina, y después se fue a dormir. No podía pegar ojo, y mientras daba vueltas en la cama notó que tenía palpitaciones y sudores fríos. “Me voy a morir”, pensaba, porque tiene una vena dramática muy del estilo de la mía. “Me voy a morir de amor por el italiano de esta tarde”. Según su composición de lugar, iban pasando las horas con la muerte de su músculo cardiaco producida por un enamoramiento radical.

Casi cuando amanecía, que se dio cuenta de que ni amor ni nada. Todo era por el café. Con razón yo me dedico más a tomar infusiones. Voy a terminar haciéndome adicta a la manzanilla.

8 comentarios:

J. G. dijo...

café no es amor, es escuchar, hablar u observar alrededor, quizás el amor venga luego

kika... dijo...

La Confidencial te diría que a veces sus efectos se confunden...

Besos y magia,
K

Manu Grooveman dijo...

Voy a hacer un comentario absurdo. ¿Te has enamorado de George Clooney-Volutto-My-Favourite?

He avisado...

kika... dijo...

No, porque al que le gusta el Volluto es a John Malkovich...

:D

(besos, guapo)
K

kika... dijo...

(quiero decir que no me veo enamorándome de John Malkovich, por mucho que lo piense)

más besos

ivan dijo...

Un blog entretenido, espero que te guste el mío: http://blogdelmaestroim.blogspot.com/

Un saludo

H dijo...

La ansiedad puede matar, Kikita. Nunca nunca nunca te tomes como "devaluar" un dolor preguntarte si hay ansiedad detrás. La psoriasis de un ser querido, grave y molesta durante años, casi desapareció cuando las cirunstancias vitales que la rodeaban, cambiaron. Igual que lo que tiene ahora, pre a lo tuyo, que también ha mejorado a horrores.

La mente, nos guste o no, influye muchísimo más de lo que pensamos en nuestro cuerpo, en nuestra salud. El lenguaje modifica el pensamiento.

Siempre pongo como ejemplo las terapias con videojuegos para los niños ingresados con cáncer. De la mente, al cuerpo. Por supuesto no lo único, pero mejoran los resultados de las terapias tradicionales.

Y sobre la ansiedad sí se puede trabajar. Afortunadamente.

No es hacer de menos a tu dolor. Es buscar un origen más holístico.

Beso!

H

kika... dijo...

Evidentemente hay una conexión entre mente y cuerpo y el estrés es una de las peores enfermedades del siglo XXI. Pero eso es una cosa, y otra a la que me refiero. Aún puedo entender que un psicólogo o un médico piensen que la ansiedad pueda ser causa de una patología física. Conozco gente que, de un ataque de ansiedad ha encanecido en un día. Signo más claro que ese, no lo hay. Sin embargo, para un persona enferma, que tiene dolores y los vive cada día, no hay nada peor que oír que el de al lado te dice que "es de los nervios", o que se cura "tomando una tila" o "desconectando". A mí, sinceramente, eso me da la risa, pero a veces también me desmoralizaba. Me conozco lo suficientemente bien para saber lo que me duele y dónde me duele. Me mantuve en mis trece de que se trataba de algo físico y tenía razón. Para mí, decir que era de "los nervios" devaluaba mi dolor. Jamás lo he dicho del dolor de nadie...

besos,
Kika