Dice mi joven poeta particular que últimamente visualiza una trituradora humana cada vez que el día se tuerce. Ayer se despertó enviando claras señales de que todo iba a venirse abajo a más velocidad de a la que íbamos a poder reconstruirlo, como dice NáN: un anuncio de una operación, una ruptura dolorosa, dolor en el cuerpo, una visita a un hospital de las que significan la antesala de la muerte. Sin ganas de escribir una línea. Era demasiado y entré en shock. Supuestamente se trataba del primer día de una nueva época y la nueva época ha empezado fatal. Directamente. Me repito que no creo que todo tenga que seguir de la misma manera que empieza, pero la trituradora humana pide carne, y yo estoy en el centro del miedo al folio en blanco, del miedo a la muerte, del miedo al dolor propio y ajeno: no es todo mío, pero de todo me toca la parte alícuota.
Corro por delante de la nada, sé que no voy a ganar la partida. Estoy cansada, pero mantengo el tipo. Como puedo. Y entre los demás que comparten trituradora, los habrá que piensen que no estoy con ellos al cien por cien, pero eso se explica fácilmente: sólo tengo un cien por cien. Toca repartirme, si es que aguanto.
Lo mejor es lo que le pregunto a mi madre: ¿Si me duele a mí, a quién se lo cuento?
0 paralelismos...:
Publicar un comentario en la entrada