26 julio, 2011

Un ramito de violetas


Desde hace años recibo un ramo de flores por mi cumpleaños. La tarjeta nunca tiene firma, pero supongo que el autor sabe que sé perfectamente quién es. Al principio el juego no me molestaba. Supongo que no he tenido demasiados novios con afición a este tipo de detalles, y a mí me encantan las flores. Luego empecé a enfadarme. A ajustar cuentas. A no querer nada más.

Este año fue igual. O quizá peor. Me llamaron de la floristería para advertir de la entrega. Hasta entonces, al menos había sido siempre una sorpresa. Con anticipación amarga, esperé la llegada del repartidor. Una hora tarde.

- Póngalas en agua, deprisa.
- Están marchitas. Da igual que las ponga en agua.
- Qué va. No lo están. Enseguida se recuperarán.

No era cierto y la repartidora lo sabía. Los márgenes de los pétalos estaban grises y reblandecidos. Abrí la tarjeta y en la nota, tomada al dictado, había una falta de ortografía. Precisamente en la palabra geranio. Las flores eran lilium gigante naranjas. No me gusta el naranja. Me sentí estafada. Diez minutos después, me di cuenta de que el estafado quizá había sido él. Podría no haberlo contado y él nunca se habría enterado. Él también podría haber dejado de leerme, aunque nunca se lo pedí porque sé que estas cosas no pueden pedirse. Sé que está ahí, y conozco exactamente la cara de indignación que pondrá cuando lea esto. Lo siento. Tengo motivos para pensar que él me ha estafado también. Las sospechas me han carcomido durante un tiempo, pero ahora estoy casi segura. Supongo que se trata de mandar en mi vida desde el otro lado: yo he respetado mi parte. Creo que tú no. Y a mí no se me matan las ilusiones, por muy imposibles que sean. Es feo. E injusto. Sobre todo es injusto.

Creo que me merezco menos flores y más justicia, después de todo.


* hay muchas versiones, y como un compañero de trabajo dice que siempre canto la de Manzanita y no la original de Cecilia… he puesto la de David Broza…

5 comentarios:

Lady K dijo...

Después de la indignación, la reflexión.

Creo que soltar amarras es el último gesto de amor cuando todo lo demás se malogra. Cuando todo se acaba, después de las pataletas, de la indignación, de toda la bilis, cuando todo eso ya no está, dejar al otro ir es lo mínimo que podemos esperar de alguien que ha ocupado nuestro corazón.Es lo decente.

Lo contrario, secuestrar la memoria del otro y mantenerlo a la fuerza, como en una prisión de cristal, vigilado y controlado creo que es un síntoma de otras cosas pero amor, del bueno, de eso no. Porque cuando has sentido eso por alguien y las aguas se amansan, siempre queda un regusto dulce en algún sitio y eso te lleva a cortar los lazos si es mejor para el otro.

Ya sabes lo que opino de este tema. Y ya sabes que me he quedado corta.

Anónimo dijo...

Justicia es que cuando alguien le pregunte por ti le diga la verdad. Que eres maravillosa.

http://www.youtube.com/watch?v=thc1MtNagC8&ob=av2n

Elena Lechuga dijo...

valiente

Eduardohmc dijo...

Nunca cambiarás Rubia!

Te he encontrado un poco por casualidad.

Espero que te vaya bien...

Escribes de lujo, como siempre.

Edu

kika... dijo...

Lady K, yo espero que se dé cuenta. Y que si decide quererme, decida también dejarme ir. Ya sabes que yo siempre digo que nadie que haya estado en mi vida pasará calamidades si está en mi mano evitarlas. Pero se las evito desde lejos...

Anónimo, yo no sé si soy maravillosa o no. Pero gracias por verme así...

Elena... ya sabes que opino que ser valiente es casi una cuestión de suerte :D

Querido Edu ¡Cuánto tiempo! ¿Por dónde andas? Dime algo. Y vuelve por aquí...

besos a todos
y gracias,
K