15 julio, 2011

El paraíso blanco





Al final me he dado cuenta. Cada vez que me ves, sientes la obligación de recordarme que tú también haces lo que quieres. Eso siempre acaba igual: conmigo sentada en alguna parte, con una brizna de flequillo entre los dedos y media sonrisa triste. Al principio me picaba en los labios una sorpresa veloz. Ahora es un resabio extrañamente dulce y lento, como de algo conocido que he decidido no odiar. No sé por qué lo haces. Eres más cruel que sabio, aunque no te des cuenta, aunque sigamos siendo menos de lo que creo que calculas que quieres. De lo que creo que calculas.

Es difícil ser libre. Quieres demostrarme que lo eres más que yo. Pero terminas llamándome por teléfono y pidiendo perdón mientras te tiembla la voz, sin querer saber  que hace tiempo que yo volví a empezar donde comenzó el mundo.

Almería, diciembre de 2010

(la foto me la ha cedido Tolo Lliteras, al que podéis seguir en twitter @Tololliteras)

2 comentarios:

trovador errante dijo...

Rubia, lo acabo de decir más claro, pero no más bonito.

Un abrazo con sol,
Kike

kika... dijo...

¡¡¡Efectivamente!!! (qué cosas, ¿verdad?)

besos,
K