10 julio, 2011

Centro comercial



A veces El Último Superviviente me dice que tengo más suerte con el trabajo que el mayordomo de la Mansión Playboy. No sé si eso es verdad, porque he trabajado en muchos sitios y los que no me han gustado ha sido por culpa de mis jefes y no por la labor en sí. De todos los curros que he tenido, el que más gracia le hace al Superviviente es el de especialista en centros comerciales. Sí, sí, durante una época de mi vida me pagaron por saber más que nadie acerca de estas microciudades de tiendas en las que todo está perfectamente estudiado, desde el precio del parking hasta la localización de cada comercio.

Tengo una teoría acerca de por qué a mucha gente le gustan los centros comerciales. Estos centros son como la calle, pero sin lo malo de la calle. Siempre hace una temperatura agradable, no hay contaminación, es difícil que alguien te robe el monedero (y si lo hace hay muchos guardias de seguridad), los niños pueden correr libremente y se puede comprar más o menos de todo, además de ir al cine o a cenar. Es un paquete de vida en la calle sin las desventajas de la vida en la calle.

Detecté incluso una fauna típica – perdón, debería decir comprador tipo – de los centros comerciales. Lo de fauna no va con sorna, porque es un grupo humano variado: adolescentes que viven en urbanizaciones, familias con niños pequeños y habitantes de zonas cuyo crecimiento urbanístico ha hecho que haya poco equipamiento comercial. El centro comercial es para ellos una especie de Xanadú donde encontrar de todo.

En mi barrio hay dos centros comerciales. Está el Choricentro, que recibe este nombre porque todo es carísimo. Los dependientes, en lugar de “buenos días”, deberían despacharse con un “arriba las manos”. Durante mucho tiempo, el supermercado del Choricentro estaba catalogado como el más caro de España. Las señoras llevan el pelo alicatado tipo Pitita Ridruejo y los señores se han pasado con los rayos UVA.

En las antípodas está el Chonicentro. En el Chonicentro hay tiendas con música muy alta y la ropa que venden es sobre todo de lycra. Lo que pasa es que en el Chonicentro hay cines, y el Choricentro no tiene. Los voy a dejar empatados: me gustan por igual.

Un poco más lejos está el centro comercial donde hay un supermercado Metadona, el gimnasio (si no te sabes la del gimnasio, haz clic aquí) y una tienda de electrodomésticos, el Marimar. Hay hasta un sitio donde unos peces te hacen la pedicura sistema comerse los callos (urgh).

A veces voy a los centros comerciales, pero lo que me gusta es la calle. Con su frío, con sus cacas de perro, con sus tiendas que cierran a mediodía (bueno, quizá con eso no), con el mercado de Prosperidad y la frutería de mi barrio, donde los fruteros echan los mejores piropos. Como dice El Santo, yo nunca compro en los grandes almacenes.

Y voy a los centros comerciales por trabajo. Igualito que el mayordomo de la mansión Playboy. Suerte que tenemos, cada uno en lo nuestro.

3 comentarios:

Darthpitufina dijo...

Pues la verdad es que no sabía que existía un trabajo así, ¿es divertido? - al menos, curioso lo es un rato.

Besines!

Niuqech M. dijo...

Totalmente de acuerdo con respecto a los centros comerciales.
Es evidente que al no tener lo peor de la calle viene a ser ese tipo de hábitat anestesiado que tanto le gusta a cierta fauna, jejejeje.

kika... dijo...

Darthpitufina: era un trabajo precioso y muy divertido...

Niuqech: efectivamente es un hábitat anestesiado... (aunque te diré que nadie me compró la teoría, ya ves tú)

besos a los dos,
K