06 junio, 2011

Chaleco antibalas


I’m standing here before you
I don’t know what I bring
If you can hear the music
Why don’t you help me sing
Leonard Cohen, de Parásitos del Paraíso

Parece que no y estoy contenta. La humedad del ambiente ha bajado el polen al suelo y siento que puedo respirar sin miedo a quedarme sin voz ni a tener un ataque de tos formato escopeta de repetición. Aun así, me voy a seguir tomando las pastillas de la alergia junto con las demás que tomo por las mañanas. He incluido un complejo vitamínico y pienso en lo que siempre dice P.: las vitaminas no son medicinas. Ella lo extiende a que los antihistamínicos no son medicinas, mientas El Santo le dice que se compran en el mismo sitio que las medicinas, pero a P. le da igual, porque a P. le damos todos igual y hace bien. O quizá no. Solamente lo parece: a ella le importa su perra, que se ha quedado en mitad de una ciudad quemada, y sus cosas, y eso le impide ver que está mucho mejor aquí, lejos de la guerra, lejos del silbido de las balas. Me he probado un chaleco antibalas esta semana. No tiene el glamour de los de la tele. Pesa muchísimo, no sé si sería capaz de trabajar con él puesto. Tengo dos opciones: hacer pesas o dejármelo en casa la próxima vez que lo necesite. Los chalecos antibalas son así: te protegen del miedo a las esquirlas y somos capaces de llevarlos sin casco, sin darnos cuenta de que en realidad no sirven para nada.

2 comentarios:

Rafa Cañas dijo...

nos iría genial si tuviéramos mentes antibalas ... pero mientras nadie las comercialice, les ponga un precio, y a nuestro alcance en internet o en el súper, seguramente no las veamos como algo deseable

por una sonrisa aún no cobran, mejor que no se nos olvide

kika... dijo...

llevaba una temporada de sonreír poco, pero ya he vuelto, aunque llueva...

según me probaba el chaleco, pensaba en protegerme la cabeza, en ambos sentidos: casco antibalas, para esconderme, mente antibalas, o de teflón...

(besos)