13 mayo, 2011

Viernes trece

banda sonora, aquí

La mañana ha empezado mal porque Blogger no me dejaba publicar, no me dejaba comentar, no me dejaba hacer nada. Trabajos de mantenimiento. Me venía fatal, porque la censura me quita las ganas de escribir. La censura producida por la técnica y la autocensura. La autocensura es la peor de las dos  y tengo que reconocer que me seca la creatividad no poder decir lo que me da la gana.

- Te he estado leyendo – dice La Confidencial – Me alegra que no hayas hablado de la boda.

Resulta que estuvimos en una boda hace poco y ella temía que me hubiera decidido a contarla por aquí. No sé por qué, pero lo temía, aunque no lo dijo claramente. No sé si iba a contar la boda o no – tampoco ha sido lo más interesante que me ha pasado últimamente – pero sí que me dio que pensar que me felicitaran por no haber escrito algo. Se supone que en este mundillo te felicitan por haberlo escrito y no por lo contrario. Quizá sean días raros. Espero algo. Te espero aunque no sé lo que eres. He discutido con No Me Llames Así, no he llegado a discutir, me he autocensurado. Quizá sea mejor, como dice La Confidencial, quizá sea mejor no hablar. Cierro los ojos, hace tiempo que no veo la calma si no es mezclada con tedio. Veo picadores y toros cojitrancos, inquietudes varias, silencio por desaparición, virus informáticos. No sé si todo eso puede verse, pero lo veo. Hago cosas para olvidar. Para olvidarme de autocensurarme. Para olvidar que parece que me autocensuro cuando lo que ocurre es que hay cosas sobre las que paso de escribir…

Ahora que quiero llamar a No Me Llames Así para pedir perdón, no me coge el teléfono.

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