03 mayo, 2011

Última dirección conocida

Un clavo saca otro clavo saca otro clavo saca otro clavo.

- Las cuestas de este barrio no están hechas para tus tacones, Confidencial.

La Confidencial lleva el mejor remedio para el dolor de pies, según ella. Sus Louboutin de chopecientos euros y mil centímetros de tacón. Pero la calle Arganzuela es cuesta abajo, y en Carnero hay adoquines, y en Ribera de Curtidores llamamos la atención, sobre todo la llama ella con su vestido blanco.

- Vamos a la librería donde le compraba los regalos al Chinito.

Hemos llegado al barrio por casualidad. Yo tenía que ir a otra parte después, creo que había quedado a las ocho, pero no logro recordar quién me estaba esperando. Solamente seguimos recto hasta llegar la librería.

- Creo que El Paseante vive ahora por aquí. Dejé de venir cuando me enteré.
- Efe también vivía en este barrio. Hacía un siglo que no venía por aquí.
- ¡No me digas!

Aparento sorpresa porque no quiero que se me vea la estupefacción casi aterrorizada. Efe es para La Confidencial lo que El Paseante representa en mi rompecabezas vital. Ninguno de los dos significa hoy lo que era ayer. Menos mal. Ahora son recuerdos con tendencia a reaparecer de mala manera. Hidras de mil cabezas que respiran lentamente y a las que a veces hay que clavarles los Louboutin, si los tienes. O lanzarles las zapatillas de deporte como si fueran las ratas de los hoteles africanos, porque esas ratas rondan la cama para comerte por los pies mientras intimidan a los gatos.

- Efe vivía aquí mismo. En este portal.

Estamos casi al lado de la librería.

- Mira esa puerta, Kika. La que está al lado del portal de Efe. Fíjate en las letras de metal. C y E. Confi y Efe. Cada vez que pasaba por aquí  decía que esa puerta era nuestra. No sabes cuántas veces lo esperé en la librería. Casi siempre llegaba tarde, y a mí me esperaba la culpabilidad de venir a verle sabiendo que tenía que estudiar. He odiado esta calle. He visto de todo aquí. Pensaba que jamás volvería a atreverme a pisar la calle Lluvia.

Yo miro la puerta metálica. Detrás de esa puerta, la de las iniciales, vive ahora El Paseante. Su última dirección conocida.

No sé si desde ese día en el que sin que la otra lo supiera nos atrevimos a volver a esa calle algo nos une de alguna manera. También puede ser que lo sufrido nos separe, porque el sufrimiento aísla a los seres humanos. Probablemente ocurra un poco de cada cosa. Sientes empatía, y a la vez recuerdas lo que duele, y después te das la mano y sales corriendo muerta de risa, porque se han marchado las ratas y los espíritus aspirantes a fantasmas, y has aprendido algo, o mejor has olvidado algo, aunque no sepas exactamente qué.

Y además no importa porque un clavo saca otro clavo saca otro clavo saca otro clavo.

- Falta media hora para mi cita, Confi. Vamos a tomarnos una caña.

3 comentarios:

trovador errante dijo...

Rubia...exorcismos y tacones a parte...jamás me creí la teoría del clavo...y mejor no comparar clavos...a que descubramos que nuestros martillos nacieron para esos clavos...y el tema no este en los clavos sino el martillo...

Un beso!
Kike

Vicko dijo...

Excelente entrada. Definitivamente no todo tiempo pasado fue mejor, pero algo se aprende de aquellas antiguas lágrimas. Con lo del clavo que saca otro clavo saca otro clavo saca otro clavo, coincido con el trovador errante, a veces el problema esta en el martillo.
Nos vemos en el camino.
Tchau

kika... dijo...

Totalmente de acuerdo, chicos. Por eso lo he escrito todo seguido, como si fuera una cadena de clavos sin demasiado sentido. Y ya ni os cuento si tratas de sacarte el clavo con otro clavo y la historia sale mal...

besos,
K