04 mayo, 2011

No tiene la culpa de haber nacido así

- No tiene la culpa de haber nacido así – dice Rebeca mientras dudo si llevarme el cuadro – Ya sé que dije que lo tenía vendido, pero al final la cosa no salió, y aquí lo tienes si lo quieres. Solamente si lo quieres. Quizá lo cuelgues y te dé mal rollo, y entonces no hay problema. Te doy una garantía de por vida si quieres devolverlo. Me lo traes y te llevas otro. O no te llevas nada. Como quieras.

Rebeca nunca me habría dicho eso si no me hubiera visto los ojos de niña frente a un escaparate de pastelería. Hay dos cuadros suyos que siempre he querido tener. Mirarlos sin parar sabiendo que son míos, la posesión por el afán de la posesión, la propiedad exclusiva e ilimitada. De la buena. De la que da envidia. Una envidia de muerte. Por fin lo tenía delante, y más gente quería comprarlo. Puede parecer algo sencillo, pero no lo es en absoluto. Un día de locura es un cuadro tan salvaje, tan fuerte que parece que estuviera en mitad de la calle y se pusiera a detener el tráfico bajo la forma de mujer desnuda, causando accidentes múltiples y peligrosos alcances. Es un cuadro que grita solo, y grita mucho, y yo temía que acobardara tanto a Mi Lectura que al pobre terminara por caérsele la purpurina.

Se puso a llover justo en el momento en el que decidí comprarlo. Jamás he tenido la intención de devolverlo, porque no tiene la culpa de haber nacido así. De haber nacido de una ciudad que a Rebeca le estalló encima como un huevo que se rompe y derrama su contenido sobre el asfalto. La clara y la yema, alimentos perdidos tras la rotura de una cáscara. El típico estropicio que ya no tiene arreglo. Anda por ahí un enlace en el que ella contaba cómo pintó el cuadro, y por qué lo pintó, pero ahora esa dirección electrónica no lleva a ninguna parte. Es mejor.

Ahora ese día de Rebeca es mío, satisfaciendo ese ansia de propiedad que guardaba desde hace tiempo. Y es verdad: no tiene la culpa de haber nacido así. Adoro el cuadro y creo que yo no le resulto indiferente. A mí no me grita si no es para piropearme.

4 comentarios:

NáN dijo...

Sé de lo que me hablas. Quien no entiende de la necesidad de tener algunas obras está perdido y lejos de encontrarse.

Microalgo dijo...

Yo también quise comprar "un día de locura", pero Rebeca sabía lo que me convenía (siempre lo supo, me parece). Ahora tengo otro, que tiene qwue ver con la música y los cuentos, y me encanta.

Hágale caso, que tiene razón.

kika... dijo...

NáN... pues al principio casi me daba vergüenza...

besos,
K

kika... dijo...

Microalgo... Rebeca jamás quiso que me quedara "Un día de locura". Siempre lo tenía comprometido, o no lo tenía... así que abandoné la idea y me compré "Mi lectura". Me imagino que cuando vio que podía tenerlo, me lo ofreció. Con cláusula de devolución y todo. Ha funcionado. Me encanta. Y de alguna manera, se cierra un círculo.

besos,
K