14 abril, 2011

Isla Decepción

Tú que puedes todo
sálvame la vida,
tú que siempre flotas,
tira de mi anilla…
Piscinas Vacías, Lucas

(clic aquí para escucharla)


He descubierto que no puedo ir a un ritmo mayor que el de dos decepciones por semana. Da igual su orden y qué o quién las produzca, no soporto más de dos. La aritmética dice que a este ritmo sufriré 104 decepciones este año. Me encontraré 104 veces en la isla del archipiélago de las Shetland del Sur, al noroeste de la península Antártica. No se sabe por qué la isla se llama Decepción. Cuentan que los primeros que llegaron allí venían atraídos por la supuesta existencia de tesoros piratas que después nunca se materializaron. Yo nunca me creí eso. Siempre he pensado que le pusieron así quienes pensaron que habían llegado a la tierra firme del continente helado y de pronto descubrieron que no era más que una isla. Al fin y al cabo, la isla fue bautizada por un estadounidense y en inglés la palabra deception no significa exactamente decepción, sino engaño.

Cada vez que alguien resulta no ser lo que esperaba (digo alguien porque en el caso de que sea algo no me duele igual), me imagino sentada en la helada playa de chinarros que hay frente a los barracones de la base española de isla Decepción. Estoy en camiseta y hace un frío negro. No tiemblo porque la decepción me quema por dentro, igual que la isla, Decepción de origen volcánico en mitad del Círculo Polar. No flotan los osos polares en pedazos de iceberg, ni se me mueren los ponis siberianos como al capitán Scott de camino al Polo Sur geográfico, ni encuentro la declinación magnética. Ni siquiera soy la inteligente Amundsen, que había aprendido de los inuit y fue capaz de llegar el primero. De las decepciones no se aprende nada bueno. Lo único que se hace es protegerse obsesivamente de las siguientes. Me dan rabia precisamente porque no las provoca uno mismo pero si se aprende de ellas, terminan por hacerte peor persona.

Dan ganas de abrir la cremallera de la tienda de campaña y decir, como Titus Oates, esas últimas palabras tan famosas. Me marcho, y puede que tarde en volver.

Por eso, no más de dos decepciones a la semana, por favor.

8 comentarios:

S. dijo...

A veces esa isla de la que hablas se hace muy pequeña.
No soporto ni una ni dos a la semana.Intento mirar el lado positivo,no hay más remedio.

Darthpitufina dijo...

No, dos decepciones semanales es demasiado, no puede haber alma humana que las soporte... Mejor ocuparse de todo aquello que hace que te sientas viva y agradecida.

Un besote, reina!

P.S: Tu verificador me pide que le diga Mande. Pues eso, a mandar! ;D

Los patos de Central Park dijo...

¿A quién hay que pegar?

Aun así, soy de las que pienso que es preferible ilusionarse y decepcionarse que no ilusionarse por miedo a las decepciones.

Ahí queda eso.

Te quiero, rubia.

Los patos de Central Park dijo...

jajaja, ni me he dado cuenta que tenía abierta esa cuenta, lo juro (es lo que tiene escribir disimuladamente desde el curro)...pues mira, así se queda,jeje, que además enlaza con tu comentario del post anterior...

el azar y la magia, querida Kika

Lara dijo...

Un frío negro...!

Pero no tardes mucho en volver.

Un beso enorme

kika... dijo...

Más de dos son insoportables...

(y vosotros sois unos encantos)...

De premio acabo de colgar un post menos "bajonero"...

besos y magia,
K

little blue riding hood dijo...

yo casi que vivo en ella

kika... dijo...

pues no, querida caperucita azul.

dosifícatela si la vida no te la dosifica.

besos,
K