23 abril, 2011

Economía para principiantes

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Todo el mundo se ríe de la economía. Igual lo hace el que le dice a otro que se lo explica todo en una tarde – al fin y al cabo es más fácil que el mear – que aquellos que compraban pisos como inversión mientras desconocían el significado de la palabra inversión. No es que yo le tenga mucho respeto a la economía como ciencia. Hasta lo escribo con minúsculas. Vaya iconoclastia.

Entre otras muchas cosas, soy economista. Siempre he tratado de no ejercer, y de momento me he ido librando. Más o menos. La gente solamente me lo nota cuando cojo las declaraciones de la renta y cuando cuento el dinero, porque a los economistas se nos suelen dar muy bien las dos cosas: contar dinero y rellenar casillitas de los diversos impuestos: que si la base imponible, que si las reducciones de la base, que si la base liquidable.

Ser economista nunca me ha servido para nada demasiado interesante. Sé que El Último Superviviente piensa que yo voy a mi sucursal bancaria y mi sola presencia intimida al director, que pasa a ofrecerme un whisky y unas condiciones especiales en las que no me cobran por las transferencias. Ni de coña. El director de la sucursal está asustado de mí porque una vez le mandé a la mierda y traté de agredirle con una tarjeta de crédito color rojo que tenía la mala costumbre de cobrarme un montón de intereses sin que me hubieran avisado. Cuidado, que una tarjeta tirada con mala uva es más peligrosa que una estrella ninja.

Los bancos me engañan igual que a todo el mundo. Bueno, me engañan un poco menos porque me conozco su vocabulario. Y porque desconfío de ellos por sistema. Una gente que gana pasta a base de mover por ahí el dinero ajeno no puede ser buena. Eso lo sé no porque haya estudiado financiación, sino porque no hay cosa en esta vida que dé más gustirrinín que gastarse el dinero de otros.

El otro día mi telemadre me preguntaba acerca del rescate a Portugal. Yo se lo expliqué muy facilito, con ejemplos de la vida real. Supongamos que me voy con mis compañeros a comer arroz a banda. Cada uno tiene que poner dinerito para pagar la cuenta del restaurante, que serían los intereses de la deuda portuguesa. Ni hablar de no pagar, porque eso de que si no pagas en un establecimiento hostelero te lo perdonan a base de fregar los platos es mentira. Se aproxima el momento de pagar la cuenta, igualito que a Portugal le llega el momento de liquidar los intereses de su deuda. Como no pague, nos detienen a todos, o nos embargan o vete a ver. A lo mejor a las chicas nos rompen los tacones. El caso es que Lady K se pone a contar el dinero que cada uno ha puesto… ¡y falta pasta! Todos sospechamos de una que es bastante agarrada. Esta no ha puesto el dinero. Será que la pobre comensal es como Portugal y no puede hacer frente a sus obligaciones inmediatas de pago. Así que los demás tenemos que cotizar una parte. Y mi compañero Ernesto, una parte mayor, que para eso es alemán.

Después de esta explicación, he pensado que podría dejar la poesía y dedicarme a dar cursos de economía para principiantes. Soy la nueva Leopoldo Abadía, pero en joven. Me encanta.

Esto es reciclaje profesional y lo demás son chorradas…Tertulias de la tele, llamadme.

17 comentarios:

kika... dijo...

Por cierto, he actualizado el blogroll... ¡biennnnnnnn!

NáN dijo...

Desde Milton y los Chicago Boys, los economistas se han creado un conejo existente (nosotros) que sacan de una chistera inexistente (ser los que tienen el poder sin que conozcamos sus nombres, a diferencia de sus siervos los políticos, que a base de darse la vida padre les dan todas las leyes que los economistas quieren: a esto se le llama Democracia; pero no es la Democracia que inventaron los griegos, sino que es heredera de la que a la chita callando practicaban los fenicios).

Dicho todo lo cuyo, tengo una ideaca estupenda que espero que prospere: pegarle un tiro a un economista de cada dos. En plan bonoloto, como advertencia de El Padrino: para que se vuelvan buenos chicos y en sus números piensen en las personas antes que en las mercancías (sobre todo cuando la mercancía es ya simplemente "dinero", un símbolo apartado de toda relación con los productos).

Así que hazme un favor: no me digas que eres economista. Tú eres mi enlace favosito con esos mundos sin dios. Y con eso basta. Y nunca sobra.

kika... dijo...

Pufff NáN, te había escrito un comentario larguísimo y Blogger me lo ha borrado. Seguro que están a sueldo de Wall Street. En él te decía - y ahora resumo - que muchos de esos que la gente llama "economistas" ni siquiera lo son. Muchos son matemáticos, ingenieros, periodistas o abogados. No es que defienda a una profesión que no ejerzo y que como has visto en el post me da bastante igual, sino que digo que la panda de desalmados que poblaba (y probablemente aún puebla) la banca de inversión y el sector financiero vienen de muchas profesiones. Aquí nadie es inocente.
Así que en tu plan de advertencias en plan Padrino habría que incluir a algunos más. A quienes son reprogramados por Másteres en Administración de Empresas donde el profesorado procede de Harvard, Columbia o el MIT y se dedican a explicar cómo se crean productos financieros basurosísimos y sofistícadísimos mientras que otros estudian cuatro años en la Universidad (pública, of course) con temarios del siglo XIX...

En fin, que si me meto por ahí no acabaría nunca... no soy sospechosa de estar de acuerdo con los Friedman's Boys...

No voy a renegar de lo que soy, pero menos mal que también soy otras cosas. Y a lo mejor aparecen por aquí Queens o el Lobo y te dicen que la cosa no se me daba mal del todo y que el mundo se ha perdido una buena economista. Bizarra, pero más o menos competente.

Con todo y con ello pasé del tema. Y creo que eso vale doble.

besitos,
K

NáN dijo...

Sabes que me fío absolutamente de ti. Así que, nada, tú ve nombrando profesiones, que los meto en la lista.

La ideaca es ir contra toda esa gentuza que articula y crea el sistema, sin que su nombre aparezca por ninguna parte.

La ideaca es lanzar este mensaje: "Asesinos Anónimos, que os dais la gran vidorra creando relaciones legales y comerciales que significan el sufrimiento y la muerte para miles de millones de persona, Sabed que nos hemos quedado con vuestra cara, que ya tenéis nombre, escrito en una libreta negra, y que el que os llegue vuestro turno es solo cuestión de tiempo".

Algo así, ¿comprendes?

Anónimo dijo...

Soberana y alta señora.

suscribo hasta la cojonésima sus palabras y refrendo la opinión aquí vertida acerca de que qué gran economista bizarra se ha perdido el mundo.

Por el teléfono de los
"eludidos": echarle la culpa a los economistas es como decir que la crisis nuclear de Japón es culpa del hombre del tiempo.

Un economista se dedica a tratar de explicar por qué lo que predijo ayer hoy no se ha cumplido. Sin más. Otra cosa es la avaricia. Avaricia de banqueros, banca de inversión, agencias de rating, y del vecino que en un alarde de estupidez supina compra dos casas -para invertir-, coche nuevo y vacaciones en NY para ir de compras.

Además, en palabras del Don, "Que se encargue de esto Clemenza, con gente de mucha confianza, que no se me emocione, porque no somos asesinos, a pesar de lo que diga ese funerario."

En fin, que podríamos llenar un libro Kika Abadía y tampoco solucionaríamos el mundo.

Me quedo con enviar muchos, muchos besos a nuestra anfitriona. No cambies, Hada.

Lobo

NáN dijo...

Lobo, a mis brazos: nada de emociones.

Andrín dijo...

Siempre queda la esperanza de que salga el "rumboso" que pague la cuenta de toda la mesa, en plan "por favor,dejadme que os invite". Luego va y se lo cobra en especie. ¿China? Terminaremos sustituyendo el arroz a banda por rollitos primavera.
La lección de economía es magistral.

kika... dijo...

NáN, Lobo... pues os caeríais fenomenal...

kika... dijo...

Andrín, como te decía ayer, si aparece alguien que no estaba sentado a la mesa y quiere pagar, malo. Efectivamente, la próxima vez que te sientes a la mesa no habrá arroz a banda, sino arroz tres delicias.

(por cierto, os recomiendo la peli "Inside Job")...

besos,
K

mariona dijo...

Aunque ya me empapé de tu economía para principantes hace un par de días, no quería intervenir aquí porque os veía muy puestos; pero volviendo a leer lo del arroz a banda (lo que más me conmueve es el plato escogido para ilustrar tu ejemplo) te tengo que decir que TÚ sí eres mi blog de referencia.
No sólo tu telemadre te agradece las explicaciones (y no es coña).
Un beso grande y brillante como tú.

kika... dijo...

te amo, marion querida...

(¡besos!)

kika... dijo...

(ah, y es que me ENCANTA el arroz a banda - era lo que estábamos comiendo en la cena que me sirvió de inspiración)...

mariona dijo...

Por Dios no me hables de arroz a banda... ¡que me pongo a llorar! Un beso kikita guapa.

Darthpitufina dijo...

¡¡Qué bueno el arroz a banda, me encanta!! ... lo que no me encanta es la situación en la que estamos...
Ojalá aparezcan brotes verdes de verdad...

Joaquín López dijo...

No por favor, no cambies la poesía o escribir en general por nada que tenga que ver con la economía sea lo que sea.

Un abrazo

kika... dijo...

Darthpitufina... veremos, veremos... ¡y viva el arroz a banda! (que es de lo que hablaba el post en realidad jajajajaja)...

besos,
K

kika... dijo...

Querido Joaquín: no te preocupes. Acabo de colgar un post bien distinto... Para la economía fácil, que me contraten en una tertulia de la tele. Al fin y al cabo siempre salen los mismos. Espero traer algún poema nuevo pronto. Están en el horno, cociéndose despacito, a la temperatura de cocinar merengues.

Un beso,
K