16 enero, 2011

Trampas

Me da pena,
tenerte y no tenerte.
Me da pena,
porque te busco entre la gente.
Me da pena,
saber que todo acaba.
No da pena,
ni siquiera mirarnos a la cara...
Trampas, Vanesa Martín




Ignasi Medina nos pilló in fraganti (los que no sepáis quién es Ignasi, haced clic aquí para conocerle y aquí para leer cómo nos pilló). Menudo desastre del voyeurismo en la Empresa. Decidí rápidamente que las reuniones en mi despacho tenían que terminar. Aquello no era serio, especialmente sin cobrar entrada. Nuestro bello desnudo se había cabreado. De verdad. El Santo y el Principillo se marcharon diciendo que no era para tanto mientras que La Confidencial ponía cara de que entre todos le habíamos fastidiado el invento.

Quienes me conocen saben que no me doy por vencida con facilidad. Y aunque el asunto tampoco iba conmigo porque a mí lo de mirar a Ignasi me daba bastante vergüenza, decidí hacer algo para que La Confidencial no estuviera tan triste. Había que hacer que nuestro chico volviera a ponerse delante de la ventana. Así que puse el cerebro a escurrir – que es la metáfora para pensar que más me gusta – y encontré la respuesta.

- Confi, ya lo tengo. Vamos a tenderle una trampa – dije mientras ponía una cara de mala cien mil millones de veces ensayada para que nadie me tomara el pelo en los exámenes de la oposición – Este se va a enterar.
- Kika, no creo que vuelva. Ha sido humillante. Además, el jueguecito funcionó mientras sabía que le mirábamos nosotras. Pero ha pillado a un chico mirando y no es lo mismo.
Levanté la ceja.
- Tú déjame a mí.

El mecanismo era sencillo, pero yo tenía la sensación de que no iba a fallar. Moví las plantas del alféizar, cerré las cortinas y coloqué las plantas detrás a modo de muro vegetal.

- A ver qué haces ahora cuando ya no puedas vernos, listo.

Al principio no pasó nada. Pero más o menos una semana después, picó. Tan pronto como Ignasi se convenció de que su trasero ya no le importaba a nadie, y menos a La Confidencial y a mí – comenzó a descorrer las cortinas. Primero fue el balcón del centro. Después, el de la izquierda.

- Tu Ignasi ha vuelto – le dije a La Confidencial, con una sonrisa pérfida copiada de los peores personajes de Joan Collins.

La cosa ha quedado en tablas, se podría decir. Yo he descorrido mi cortina para que pueda vernos. Y él nos ha dejado el tercer balcón en apagón informativo. Ese es el del baño y tampoco vamos a pedirle tanto. De momento.

2 comentarios:

Minuet dijo...

Me encantó la historia... "descorrer cortinas y convencer a la Confidencialidad"... muy buena...

Besos

kika... dijo...

Je je je

(y te diré, Minuet, que Ignasi ha descorrido la última cortina que nos quedaba)...

besos
K