14 enero, 2011

Ajuste de cuentas (el malo)

Dentro de aquel disco de Quique González decía que no hay mejor ajuste de cuentas que escribir una canción. Yo ya no escribo canciones, igual que ya no escribo prospectos de medicinas ni poemas rimados. Las canciones, como los prospectos y los poemas, están en la boca del estómago, esperando a volver. Las cuentas también flotan cerca del píloro. Esas cuentas pendientes que nunca se cobran, pero que tarde o temprano hay que ajustar.

Aquí debería venir el anuncio de cuidado spoiler o el de lo-que-va-a-leer-puede-herir-su-sensibilidad. No me hago responsable de los daños morales. Mejor dicho: me hago enteramente responsable.

Hace más o menos una semana quedé con La Confidencial. Vino a buscarme a casa en el coche y cuando abrí la puerta me preguntó si estaba fibrilando. Fibrilar para La Confidencial es una cardiopatía severa que se resume en una mezcla de nerviosa y enfadada. Me lo preguntaba porque llegaba tarde y sabe que cuando me toca esperar me canso y me preocupo, por mucha paciencia que le eche al asunto. Yo no estaba fibrilando porque La Confidencial – que es perfecta en su más absoluta perfección – me había avisado con tiempo del retraso. Y aunque hubiera estado histérica, poco importa para el propósito de este ajuste de cuentas.

La Confidencial me preguntaba porque sabía cuál sería mi reacción. Y ¿por qué la era consciente de antemano? Pues porque me conoce. Algo tan sencillo como eso. ¿Sencillo? Quizá no tanto.

Hace algo más de tiempo, recibí un SMS que me citaba en un bar con alguien a quien conozco bien. Como no era yo sino que era SuperKika, ella decidió acudir a la cita. Las cosas claras. No quería volver a verle. Le reconocí que hay cosas que están cerradas, pero que tenerle cerca no me ayudaba.

El hielo del pasado con frecuencia es fino sobre el agua congelada. Mejor no pisar las melancolías de antes.

No sé si él llevaba ensayada la respuesta, pero me dijo que él era capaz de separar lo que se supone que seguía sintiendo por mí – propia confesión – de lo que podíamos ser ahora. Yo no quiero separar, porque no soy tan fría. Solamente le pedí educadamente que se marchara antes de cerrar la puerta. Era muy importante y logré hacerlo.

- Las cosas son así porque tú lo decidiste de ese modo.

Suena a frase hecha, pero era verdad. Y como solamente hay una cosa en el mundo más rápida que la velocidad de la luz y esa es la autojustificación, procedió a autojustificarse.

- Kika, elegí quedarme con ella porque tu vida es demasiado complicada para mí. Y porque creo que no te conozco.

Prefiero pensar que no escogió el argumento con ánimo de herir. Como hablaba con SuperKika y con esa no hay quien pueda, le dio igual. La Kika normal se quedó con la cuenta pendiente. Ahora tiene ganas de hablar, de decir lo evidente. Hace nueve años que le conozco. Fuimos amigos, pero no me conocía, claro. Estuvimos enrollados mientras él tenía novia, pero en ese momento mi personalidad múltiple y facetada tampoco le caló hondo así que debió de dearse mucho por ver. Finalmente, me pidió una semana para pensarse qué hacía. Tuvo que pedírmelo porque evidentemente, no me conocía y por lo tanto pensaba que no se la concedería, y como no me conocía resultó que le dejé pensárselo (estúpida, dice SuperKika), y finalmente él decidió quedarse con su novia. Será porque se dio cuenta de que no me conocía.

El argumento era de pataleta, sinceramente. Pero no me cogí ninguna perra. Simplemente dije adiós y me marché.

Conozco a La Confidencial desde hace mucho menos. Por eso su pregunta es tan importante. Porque me conoce lo bastante como para saber cómo me siento. Igual que Lady K sabe que odio los hospitales o Queens sabe que si estoy triste siempre me animan unas galletas o una taza de té o El Arquero sabe que mi pintor impresionista favorito es Camille Pisarro. Igual que yo les conozco a ellos.

Que no me conoce. Qué gracioso. En ese momento, cayó una gruesa capa de hielo sobre nosotros.

Caso cerrado.

4 comentarios:

Eva dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=7cZYvszjRLA

(caso cerrado)

Feliz año, K.

Elena Lechuga dijo...

Caso cerrado.
Herida abierta.
A la mierda.

kika... dijo...

Eva... siempre apareces cuando más te echo de menos. Me ha encantado el tema. Y el vídeo.

Un beso enorme,
K

kika... dijo...

Elena, como decía aquella canción de Tontxu... "al final, como siempre, cicatrices".

Muchos besos,
K