24 diciembre, 2010

Chingadas navideñas

para El Santo
y para los huérfanos de la Nochebuena


Cuando vivía mi abuelo, algunos años íbamos a la Misa del Gallo. Por hacer algo en Nochebuena, básicamente, porque la Nochebuena siempre me ha resultado la fecha más rollo de las navidades. No tiene las uvas y en mi casa no tiene los regalos: con todo lo internacionales que somos, nos mantenemos en la tradición de los Reyes Magos. Así que aparte de escuchar al rey diciendo lo de me llena de orgullo y satisfacción, poco más. Por eso íbamos a esa misa que, frecuentemente y salvo bodas y funerales, era la única del año. Me encantaba ir en coche por un Madrid congelado en el que no había nadie, como se detiene solamente por la navidad y el fútbol.

Casi siempre íbamos a una iglesia bizantina que está cerca del parque de El Retiro y donde se congregaba lo más selecto y granado del Barrio de Salamanca: aquello parecía un anuario de ricos y conocidetes. Ex ministros, hijas de aquel que le estampó una tarta a Boyer en la cara, nobles venidos a muy menos, banqueros y otros representantes de aquello que se llamaba el pelotazo. Parroquia de nivel Maribel, vamos.

El caso es que mi madre, la hermaníssima, mis abuelos y yo nos sentábamos más que nada a ver la fauna. Bueno, quizá mi abuela no. Mi abuela dice que cree. A lo mejor cree en Dios, vete a ver, pero en la bondad humana por naturaleza fijo que no.

En la iglesia ponían un nacimiento gigantesco con sus ovejitas, sus lucecillas y sus angelotes. Antes de empezar el evento religioso, te decían que fueras a ver el belén, me imagino que con la intención de que te invadiera esa cosa que se llama el espíritu navideño y tal. Mi abuela se puso a mirar el montaje con todo detalle mientras añadía que el belén de mi casa era mucho más bonito y que era una pena que cuando yo era pequeña me hubiera cargado a Herodes y su castillo.

Yo lo hice por los niños del mundo, que conste.

De pronto, puso cara de descomposición interna y de odio africano.

- ¡Alguien ha chingado el Niño Jesús! Esto es una vergüenza. En un barrio decente como este… ¿es que la gente tiene que robar en las iglesias? Esto antes no pasaba…

Ojo al manojo: no dijo robar, ni hurtar, ni sustraer, ni llevarse prestado, ni afanar, ni limpiar.

Dijo chingar. Literalmente. Me dio un ataque de risa incontrolado que se le contagió rápidamente a mi madre y a la hermaníssima. No podíamos ni hablar. Estuvieron a punto de echarnos. Y mi abuela, mientras, con su vehemencia habitual seguía con el argumentario de ley, orden y decencia. El resto nos aguantamos las carcajadas hasta que en mitad de la misa, trajeron al Niño Jesús, porque el bebé nacía en ese momento y no lo iban a poner antes en el nacimiento. Todo como lo mandan los cánones.

A mi abuela le había fallado la Historia Sagrada. También el vocabulario (imaginaros a vuestras abuelas diciendo la palabrita). Y eso que todavía no sabía que ahora resulta que Dios es John Malkovich. Si lo llega a saber, me imagino que ahora mismo creería en George Clooney.

2 comentarios:

El Santo dijo...

Gracias por la dedicatoria, Kika. La anécdota es buenísima.

En casa de mi abuela materna, de siempre, el Niño Jesús no se ponía hasta las doce de la noche del día 24. También manteníamos la tradición en mi casa, pero desde hace unos años el Niño nace un poquito antes (el día 22, o el 23), por aquello de no andar mareando la decoración justo después de la cena.

En todo caso, la Nochebuena no es es una buena noche (jojojo) para sentirse huérfano. Es la noche idónea para "arroparse" en la gente que queremos... O sea, justo como todas las demás noches...

Un besazo grande, gracias de nuevo, y Feliz Navidad (que, a Dios gracias, tenemos muchos motivos para estar felices).

El Santo

NáN dijo...

A mí en Nochebuena me toca "arroparme" precisamente con la gente que no quiero (digamos que se caen del cartel un torero de los tres y dos o tres toros de los seis).

De pequeño me encantaba la misa de gallo. Era el "soprano" del coro y cantaba eso de natum videtur, regem angelo-o-rum, venite adoremus..., que molaba un montón.

Ya me gustaría tener una abuela con jerga de las calles de México DF (además, partidaria de una cesárea a María para que el niño se adelantara).