01 noviembre, 2010

Viaje con nosotros (I)

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Odio viajar. Vivir fuera me encanta, pero no le encuentro demasiada gracia al hecho de desplazarme. Soy la de las que creen que ojalá inventen ya el Urkiplato (una cosa que salía en la serie de Steve Urkel y que era un invento para teletransportarse). Qué le voy a hacer. No me gustan los baños de los aviones y de los trenes. Los coches, directamente, no tienen baño. Puede ser un poco patético, pero de un tiempo a esta parte las prestaciones waterianas de los lugares a los que voy me interesan. Donde sea, pero con un buen baño.

Voy a dejar el excurso porque un minuto dices wateriano y el siguiente te pones escatológica de salir corriendo.

El viernes pasado fui a Ávila en tren. Me pillé billetes en el de media distancia, que es muy mono, como un AVE chiquitito pero más lento. Iba tan contenta en un taxi camino de Chamartín – lo de tan contenta es un decir, iba cagándome en el taxista, como casi siempre que voy en ese medio de transporte sin baño – me compré una napolitana de chocolate y un batido de vainilla y atravesé la estación corriendo para no perder el tren.

Genial. Me había tocado un asiento de los que tienen mesita y no llevaba a nadie enfrente. Perfecto. Así puedo estirar las piernas y llego a Ávila como una reinona. Vestida de boda – ya os contaré – y con un bolso en la mano que esa mañana me pesaba un cantidad indefinida entre treinta y trescientos kilos.

Una viejuna a mi lado. Me cabreo porque la tipa tiene un móvil táctil que mola un montón y tendríais que ver mi teléfono, da pena mora el pobre. Las viejunas en el tren tienen mucho peligro: o quieren hacer conversación o se quejan por todo. Esta era de las segundas. Tenía enfrente a una chica gafapasta que nos miraba arrugando un poco la nariz. A lo mejor nos miraba por frikis, la puñetera. No sé. De pronto, al comenzar la marcha, la hecatombe. Voy y me doy cuenta de que… ¡me había tocado en el sentido inverso! ¡Con lo que marea eso! Cualquiera se tomaba la napolitana de chocolate en esas condiciones. La viejuna, muy decidida, se lo dijo al revisor.

- Pues no pueden ustedes cambiarse hasta Villalba. Si en esa parada no se sube nadie, entonces pónganse donde quieran.
- ¡Que ni que esto fuera un Hércules del ejército! – dije yo - ¿Y si nos mareamos? Como vomite el batido vamos a salir todos perdiendo…

La viejuna terciaba diciendo que ella también quería cambiarse y que total el tren iba medio vacío. Pero nada. El tipo debía de estar formado en las mejores escuelas autoritarias de la Renfe, porque no hubo manera. La gafapasta esperó a que se pirara el revisor y se cambió mientras nos miraba con cara de asco (a lo mejor no le había dado tiempo de pillarse un desayuno o le daba envidia el móvil de la viejuna o le gustaba mi vestido de boda, vaya usted a saber). Nosotras aguantamos como pudimos hasta Villalba y nos cambiamos. A continuación desayuné como una reina y cuando estaba guardando los desechos en una bolsa de plástico me pareció que el aire traía un leve aroma a chuletón y patatas revolconas.

Debíamos de estar llegando.


4 comentarios:

vicko dijo...

TELETRANSPORTARME es mi sueño, y mientras eso llega concuerdo en que eso de los baños se vuelve prioridad. Parar el auto en plena carretera, NO ENTRA A LA LISTA DE LO AGRADABLE.
VICKO
www.vickoant.blogspot.com

Elena Lechuga dijo...

Jajajaaaa lo importante es lo mona que tú ibas con tu vestido y lo bien que desayunastes. ¡Qué te quiten lo bailao ;) !

Besotes

NáN dijo...

La gafapasta sí que sabe. Callar, mirar y actuar sin permiso.

Una cistitis de la que hoy celebro su 18º cumpledías explica la empatía que me produce tu watering spirit.

kika... dijo...

vicko... toda la razón. Me sorprende que haya gente que tiene este mismo problema con los viajes, y me encanta. Ahora me siento mucho menos sola cuando miro a ver dónde está el baño...

Elena... ciertamente. Y espero contar pronto el viaje de vuelta, que también tuvo su miga...

NáN... cuídate mucho (espero que ya te haya abandonado la incómoda infección)... me encanta lo del watering spirit... y me voy a volver gafapasta, porque como coaccionadora de revisores no me ha ido nada bien...

besos a los tres
K