09 noviembre, 2010

Fin (de la primera parte)


Me están pasando tantas cosas en el mundo exterior que sólo pienso tranquila en lo que tengo dentro. La línea divisoria no es demasiado nítida. Ya he contado por aquí que soy muy mala en lo de hacer compartimentos emocionales estancos y en ocasiones ya no distingo más que lo de fuera y lo de dentro. He pensado que si escribo el cambio principal de lo de dentro me desatascaré y empezaré a contar lo del mundo exterior, que al fin y al cabo quizá sea lo que se me da mejor.

Lo que pasa es que lo interior es más difícil.

Tengo una novela a medio escribir. Técnicamente, está escrita, pero es impublicable, le falta mucho, puede que incluso le falte todo. Se llama Veintidós postales y hubo un par de fragmentos (o tres) por aquí. Escribí febrilmente para que no se me olvidara la historia del Paseante. Ahora me doy cuenta de que quizá lo plasmé todo en papel para poder hacer lo contrario. Precisamente para poder olvidar.

Es complicado olvidar lo que se sigue queriendo. Cuando terminó lo del Paseante, hubo una temporada en la que no podía olvidarlo, porque era suficiente escuchar su nombre para que una especie de radiografía helada me hiciera enseñar los huesos y los dientes. Después vino la segunda temporada, esa en la que no quería olvidarlo. No quería aunque lo tuviera todo en un cuaderno, no quería aunque L. me dijera que era lo que tenía que hacer, no quería de ninguna manera porque creía que no era mejor pasar al odio en público o al elegante desprecio que supone el desdén. Nada con él fue demasiado elegante, supongo. Ni siquiera esa manía de volver. Especialmente nuestra manía de volver.

Decidí no tocar más las Veintidós postales. Mierda. Mi Crimen y castigo derechito a la basura.

Hace poco fui a ver a una amiga. Fue el mismo día que recogí el cuadro de Rebeca. Le dije – la primera vez que salía de mi boca así de claro – que el Paseante me había marcado. Y que no podemos escoger quién nos marca. Ella puso una mueca que mezclaba sorpresa, horror y un temor sordo.

- Claro que puedes. Kika, no te das cuenta de la fuerza que tienes. Puedes decidir quién te deja huella.

No me creía lo que estaba oyendo, pero ella, que es de cristal, lo decía con una calma que le salía directa del fondo de los ojos.

Desde ese día, cambió la canción. No fui yo ni la fuerza que me decía mi amiga. Pasó solo. Fue raro, pero creo que desde ese momento me sentí de nuevo como cuando estaba con él. Me cubrió una especie de pátina sensualmente extraña, como la que imagino que viste a las mujeres sobre las que habla Miguel Ángel Maya, pero ya no necesitaba al Paseante para recuperar mi magia.

Estaba sola otra vez. Por fin me daba cuenta.

Fin. De la primera parte, claro.

10 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

Jobá, Kika. A ver si puedo aplicarme el cuento. Que faltita me hace.
Millones de besos

kika... dijo...

Es un proceso muy lento. Muy pesado. Muy solitario (por eso de que no se escarmienta en cabeza ajena). Agotador.

Pero de repente, ocurre.

Es raro.

Ánimo.

Y un beso, claro.

ETDN dijo...

No elegimos quién nos marca. Ni el peso ni la forma de esa huella. No elegimos de quién nos enamoramos.

Lo único que podemos elegir es cómo afrontar esa cicatriz, ese dolor, ese recuerdo.

Y eso pasa. Se pasa. De una manera u otra. Un buen día deja de doler.

Pero no podemos elegir quién nos deja huella.

bss

Nares Montero dijo...

Mola!

Ya te tenía yo ganas!

Muack, gigante.
N

Microalgo dijo...

Besos para Usted. Y para la curandera de cirstal.

kika... dijo...

ETDN... no sé si la chica cristalina tenía razón. Pero lo que sí que logró fue que yo le diera una vuelta más al asunto, y de pronto se disipó.

Ya te digo, no sé si tenía razón. Incluso me cuesta creerlo. Pero el efecto fue como si la tuviera...

besos enormes (sé perfectamente lo que me entiendes),
K

kika... dijo...

Nares... no ha sido fácil. Ha habido gente que incluso me lo ha puesto más difícil... pero en fin, aquí estamos. Y hay para rato...

besos,
K

kika... dijo...

Microalgo... otro beso para las minialgas...

besos,
K

NáN dijo...

Lo que funciona, ni se toca. Y si la cristalina acertó, no se hable más.

A mi me gusta poner tres espacios, cinco astericos centrados, otros tres espacios... y a otra cosa.

kika... dijo...

Muy bueno.

Como dice la cancioncilla:
fin de la primera parte,
fin de la primera parte,
y ahora viene la segunda
que es la más interesante...

besos,
K