28 noviembre, 2010

De guardia

Iba a escribir sobre otra cosa, o mejor no iba a escribir porque me iba a ir con Queens y Lady K a tomar algo – esa noción difusa de tomar y de algo, forzosamente difusa al fin y al cabo es domingo por la tarde – pero de repente se lía, y estoy de guardia. Una guardia que casi parecía imaginaria de lo tranquila que estaba siendo – mi concepto de tranquilidad para otros es un teléfono que suena con frecuencia insoportable – se estropea de repente y hay que moverse.

Lo peor de estar de guardia es que nunca pueden pillar desprevenido. Salir de casa o de la oficina un día como este se convierte en un acarreo constante de cargadores de móvil, blocs de notas y todos aquellos porsiacas con los que soy muy dada a cargar.

Eso sin contar con que está prohibido quedarse sin cobertura, lo que tacha de entrada muchos de mis locales favoritos…

Decía que se estropea y hay que trabajar. Estamos para eso. Y, de pronto, la voz del otro lado dice:
- Es mi primera guardia.

Yo le contesto, no sé si por cumplir. Probablemente no.
- Lo estás haciendo muy bien.

De todo se aprende.

2 comentarios:

Minuet dijo...

Me has dado de lleno...

¿Cuantas guardias han interrumpido momento de mi vida y cuantas otras han constituido mi vida en si?...

Siempre es como si fuese nuestra primera guardia y creo que cuando deje de ser así, es que hemos dejado de ser niños..de tener ilusiones y esperanzas..

Gracias Kika por tan preciosa entrada

Besos "de guardia"

kika... dijo...

Es verdad, Minuet, de alguna manera siempre es la primera, porque siempre pasa algo diferente...

(desde que hago guardias he aprendido a valorar mucho más el trabajo de quienes nos atienden a cualquier hora en hospitales o juzgados, por ejemplo...)

besos,
K