25 septiembre, 2010

Marqués (o algo)

Dominique de Villepoint y yo vamos a muchas fiestas por motivos de trabajo. El trabajo en realidad es el suyo, porque yo voy de acompañante. A veces tengo que ser consorte-con-suerte, es decir, la señora de Villepoint. Queda fenomenal en las invitaciones, pero es una mentira de las más podridas que hay…

Hemos estado en fiestas como la de Aquistán e incluso en la de un país que quizá haga como los de Lehman Brothers y deje de existir mañana. A ese país yo lo llame Aversistán y tengo que decir que el catering estaba bastante rico. Lo del catering es importante porque a las fiestas vamos a dos cosas. A conocer gente y a cenar.
- Píllate unos canapés, Dom, y así nos vamos cenados.
- ¡Pero si llevo media hora comiendo cosas no identificadas, Kikita!
- A mí no me llames Kikita, llámame cariño, que como se den cuenta de que tú y yo no estamos casados…

En las fiestas hemos conocido a hombres coloradotes acompañados de señoras rubicundas, a modelos bellísimas que invariablemente van de la mano de cuarentones estupendos e incluso a una réplica exacta de mi ex el Paseante, que para más inri se llamaba igual. Pero no era él.

Creo.

El caso es que hay personas que acuden a estos saraos en plan profesional. Y no digo profesionales del trinque de canapés, como nosotros, que total ya tenemos un callo considerable de este tipo de celebraciones. No. Hay gente que no se pierde ni una y me imagino que sus motivos tendrán, pero no son aparentes…

Concretamente, hay un tipo que es aristócrata, bastante joven, de esos con pinta de ser un poquito relamidos y de tener unas ideas políticas trasnochadas (tirando a bastante) pero que es un clásico tal en las fiestas que si un día no viniera, tendrían que cancelarlas. Directamente. Las conversaciones con él siempre empiezan de la misma manera:
- Ohhh, los señores de Villepoint, ¡es fantástico veros por aquí! Tienes un marido que es el futuro de España… porque España está fatal…

Recordemos que a todos los efectos estamos más casados que Raphael y Natalia Figueroa. Somos los Beckham de las fiestas nacionales.

Ahora viene el problema. No me acuerdo de su nombre. Le he visto cientos de veces y los que me conocen saben que jamás olvido una cara ni un nombre. Menos aún un tratamiento. Pues no sé si este es marqués, duque o vizconde consorte, y sólo recuerdo su apellido, que por cierto es igualito al del aristócrata de La Escopeta Nacional. Un lío. Dom y yo nos pasamos el rato dándole la razón y mirándolo como si fuera una pieza de museo. Cualquier cosa es mejor que interpelarlo directamente, porque llamarle por el apellido, como que no…

Dentro de poco tenemos una nueva fiestecilla, a ver si nos lo volvemos a encontrar. Lo que me da pena es que algún día tendremos que decirle que no estamos casados y nos dirá que con esto de las uniones de hecho la juventud se pierde, ay, cómo se pierde…

6 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...Una crónica grotesca y genial...
;-)

kika... dijo...

el mundo de las fiestas tiene mucho de grotesco...

un beso!
K

Amfortas dijo...

Será mi querida amiga en la Castellana? Nos encontraremos otra vez a la Gran Duquesa? Asistiremos a los espectáculos de cardados imposibles?
Wait and See.

B.KT

kika... dijo...

consigue una invi para chuelfpointistán, allí están las grandes duquesas y necesitan un ciudadano como tú...

besos!

NáN dijo...

Genial, madame de Villepoint

kika... dijo...

merci beaucoup, NáN!

besos!