01 septiembre, 2010

Eutanasia

Ya he vuelto. Las vacaciones bien, gracias. Espero que por aquí todo siga en su sitio, incluso aquellos que dijeron que no estaban de acuerdo en esperarme (je, je). Ha sido un verano con más desplazamientos pero menos movido. No sé. Será que ahora me muevo más en coche y un poco menos a pie, o que me muevo a pie, pero de otra manera. Mi nueva velocidad ralentizada ha hecho que escuche más que nunca. Me han contado muchas cosas, aunque si tuviera que dar un premio a la mejor anécdota, sería a esta.

Una amiga mía me contó mientras tomábamos algo en el Puerto (de Santa María) que tenía una conocida que trabajaba limpiando casi todos los portales de su calle. La señora en cuestión respondía al nombre de La Chari, y lo que más quería en el mundo, aparte de a su novio, era a su gato.

Resulta que el gato de La Chari se puso enfermo y ella decidió que lo mejor era hacerle una operación que costaba una pasta. De hecho, tuvo que pedir un préstamo para pagarla, un préstamo que sigue devolviendo en la actualidad, con tan mala suerte que el gato la palmó. Ante tal contingencia, tomó una segunda decisión de similar calibre a la de la operación: incinerar al gato. Los crematorios de mascotas deben ser en plan VIP, porque eso también le costó un dineral…

Mi amiga tomó valor y aire después de que La Chari le relatara el devenir vital gatuno, para decirle:
- Pero Chari, ¿no crees que habría sido mejor que cuando supiste que el gato estaba tan malito le hubieras llevado al veterinario a ponerle una inyección de esas?

Y La Chari, que es una grande, le contestó tan tranquila:
- Ah no, ni hablar, que eso es eutanasia y la eutanasia es sólo para las personas.

Las vacaciones bien, gracias, decía.

4 comentarios:

Nares Montero dijo...

Si el gato no lo ha pedido, normal que la mujer tuviera reparos!
La conciencia es algo que no ha de tomarse a la ligera.

Bienvenida preciosa!
Te echábamos de menos.
Bss
N

Elena Lechuga dijo...

Muy bueno, Nares.
Me ha encantado tu anécdota veraniega y que hayas vuelto.
Yo por eso no tengo principios, que salen muy caros. Prefiero finales.

Bss

NáN dijo...

Con gente como Chari, los filósofos salen muy caros.

Ayer, mientras Lola se tomaba la última caña en la Casa do Compañeiro, aproveché para ir a mear las anteriores. En el comedor únicamente estaba Javier Sádaba, cenando. ¿Qué haces aquí tan solo?, le pregunté. Los filósofos, ya sabes, me respondió.

Todo eso por culpa de La Chari.

kika... dijo...

Nares... la conciencia de los gatos es incomparable a la de sus dueños...

Elena... ¡¡¡¡yo también digo lo de los finales en lugar de los principios!!!!

NáN... me ha encantado lo que cuentas. Y estoy muy de acuerdo.

besos y magia,
K