12 septiembre, 2010

Dos grados de separación, pero de los jodidos (o excusa para hablar de relaciones humanas)

No sé si creéis en la cosa esa de los seis grados de separación. No Me Llames Así dice que yo estoy como mucho a tres grados de cualquiera porque conozco a mucha gente. Puede que sea verdad. O puede que después de esto que os voy a contar recorte su previsión y me coloque a dos grados de todo el resto de la población mundial. Me da miedo estar a dos personas de George Bush, por ejemplo, pero como diría El Último Superviviente, es el precio que pago por hablar con la gente en los bares.

A lo que iba. He pasado una semana regular. La catástrofe automovilística no contribuyó a ponerme de demasiado buen humor, y la cosa acabó de torcerse cuando me dieron el presupuesto de la reparación. Menos mal que para entonces ya había encontrado algo nuevo en lo que entretenerme: ya me lo dice mi madre, que yo de pequeña jugaba sola y enseguida me buscaba algo que hacer. Así que me busqué algo que hacer, o mejor dicho algo que buscar. Voy a buscarme un futuro marido. Como no me quiero casar, la cosa no pasará de un inocente divertimento sin consecuencias. Bueno, si me encontraba un futuro marido que me gustara, que hubiera consecuencias, pero no matrimoniales.

Finalmente lo encontré, a base de revolver por el mundo real y el cibernético. Este me gusta. Y como dicen mis amigos, lo tengo que tener a tiro de dos personas. Es una farolera, la Kika esta. ¿Cómo va a estar separada por dos de alguien con quien nunca ha cruzado una palabra? Pues efectivamente. Por dos personas.

Lo malo era quién era el primer grado… ¡no se puede buscar un futuro marido y que la persona a la que tengas que recurrir sea un ex! Y digo ex, sin precisar, porque no sé ex qué es. Si yo no lo tengo claro, él menos. Creo que he tratado de dejar de hablarle un millón de veces. Porque tampoco sé si me ha hecho daño a sabiendas, me cuesta juzgarle aunque ya lo haya hecho. No sé si las flores que me mandó por mi cumpleaños me hicieron gracia o no. Me resulta confuso quererle, me resulta confuso dejar de hacerlo. Y lo peor del asunto es que si le pido que me presente al siguiente grado de separación que me queda por cubrir con mi futuro marido, seguro que lo haría.

Al final he decidido salir a la calle y dejarme de grados de separación. Soy capaz de conocer a la gente yo sola. Capaz de eso y de cosas peores, que diría No Me Llames Así.

2 comentarios:

Andrín dijo...

Al mismo tiempo que tú sufrías la catástrofe automovolística,era víctima de un robo en Granada: dinero, tarjetas, documentos, notas pesonales, el bolígrafo de toda la vida; en fin, que me cago en el caco y en todos sus ascendientes, aunque entre ellos esté el mismo Boabdil o el Rey Católico. Se ve que no eran días propicios, Kika.

kika... dijo...

Querido Andrín:
No, no lo eran. Me ha gustado mucho tu post granadino, porque es una ciudad (como todas) capaz de lo mejor pero también de lo peor...

besos y besos y nos vemos pronto
Kika