08 septiembre, 2010

Añicos

Señor agente, creo que puedo explicárselo. Ya sé que hay que ir atenta mientras se conduce. Y concentrada mientras se aparca. Eso trataba de hacer esta mañana. De verdad. Pero me imagino que a veces el cerebro se pasa de rosca y trata de romper el fondo del calcetín mental que envía mensajes de error: demasiado cargado en la memoria. Los pensamientos se me agolpaban y no salían a tiempo por el escaso ancho de banda mental que tenía. Llegué al aparcamiento y aparqué. No pensaba, lo sé, pero no me daba cuenta. Pensar puede llegar a ser un acto inconsciente. No pensar, supongo que también. Me bajé del coche, presioné el seguro y cerré la puerta. Cuando me quise dar cuenta, señor agente, vi que me había dejado las llaves dentro del coche y el vehículo en marcha. Quise morirme, me llamé idiota, llamé por teléfono y a nadie se le ocurría nada, así que pensé, no sé si mal o bien, pero decidí romper el cristal de la ventanilla. No podía hacerlo sola y pedí al encargado del parking que me ayudara. Intentó forzar la puerta pero no pudo, así que atacó el cristal con un martillo. La luna del triángulo se hizo añicos. Mi día se hizo añicos, aunque llevaba roto desde ayer por la noche, señor agente, porque desde anoche tengo ganas de llorar, y me gustaba un chico pero terminé en mi casa viendo Anatomía de Grey. En el episodio había un tío que entraba en el hospital y se despachaba a tiros. Mi mañana podría haber acabado igual, compréndame. Desaparqué el coche para llevarlo a un taller donde me repararan el cristal, y unos conductores me avisaron de que tenía una rueda pinchada. La rueda probablemente venía pinchada de casa y no me di ni cuenta. Mi coche no lleva rueda de repuesto, ¿sabe? Es así de raro. Como yo. Saqué el kit y el compresor. La presión no remontaba, así que llamé al seguro. Me sentí terriblemente sola. Casi fracasada. Una vez me quedé tirada y mi hermana empujó ella sola el coche fuera de la calzada, en plena calle, en una avenida llena de tráfico y bajo la lluvia. El resto de los conductores la miraban admirados. Y yo era incapaz de hinchar una rueda. Llamé al seguro y vino una grúa, pero el de la grúa era un estúpido. La Confidencial – es una amiga mía, muy guapa – fue la única que apareció por allí y vio que el de la teleasistencia del seguro era gilipollas. Antes he dicho que era un estúpido. Pero no, era gilipollas. Por fin conseguí que se llevara el coche, y no sabe usted lo que me va a costar esto. Una semana sin moverme en calma. Todo por una estupidez mía. Personal e intransferible. Por eso estoy aquí sentada, a punto de firmar una denuncia de mentirijillas para que el seguro me pague la luna, porque no quiero que me cueste más. No quiero que me cueste más este maldito día.

4 comentarios:

Queens dijo...

Muchos besos y un abrazo enorme para que hoy sea un día mucho mejor que el de ayer.

sinmipermiso dijo...

Personal e intrasferible. Pero de esos errores también se aprende. Y la Ley de Murphy nunca se va de vacaciones. Mucho ánimo.

Miguel Ángel Maya dijo...

..."Por esta vez, pase, señorita, pero que no vuelva a repetirse"...

kika... dijo...

Queens... madre mía, y me faltaba por saber cuánto me iba a costar la broma...

sinmipermiso... lo mejor era yo mirando al cielo y diciendo "oye, si existes, déjame en paz"

Migue... huy, eso mismo me dijo el policía... tú no vas para policía, ¿no?... que yo lo de la autoridad esa lo llevo fatal...
;)

besos a todos
y magia
K