13 julio, 2010

Creo que no hay nada más


Creo que en este mundo hay dos muertes. La muerte que me da miedo, que me aterra. No es la propia. La propia me da exactamente igual. Antes pensaba en lo que me quedaría por hacer, antes pensaba en dejar una huella, pero ahora empiezo a pensar que cuando nos levantamos del banco, queda el banco vacío. Y punto. Mi madre me lo dijo una vez, creo que fue cuando murió mi abuelo: antes pensaba que había algo después de esto, pero ahora creo que no. Creo que no hay nada más. Yo albergaba la misma sospecha, pero como tengo un puntillo jipi de la nueva era, me quitaba el mono de trascendencia creyendo en la reencarnación. Lo de la reencarnación era un poco rollo, porque la cosa tenía sus normas y era imposible que en la vida siguiente me tocara ser piedra o chicle, sino que casi seguro que volvería a ser una persona. Menudo aburrimiento.

La muerte de los demás es la que me da miedo. Creo que si algunas personas desaparecieran del mundo no sabría que hacer. Si supiera qué hacer, encima me sentiría fatal por pasar un duelo imperfecto. En fin. Imposible ganar.

Pero está la otra muerte, la que no entiendo, la reverencia a los muertos en sus ataúdes. Mi madre me dice que es algo de los países mediterráneos. A lo mejor cree que yo he nacido en otra parte o soy yo misma reencarnada en mí y eso explica este súbito ataque de sangre fría antimediterránea. No lo sé. Pero no alcanzo a comprender cómo, una vez muertos, lo único que importa es que nos incineren a tiempo, o nos pongan aquí o allí. Por mí como si me ponen encima del televisor. Por mí como si me dejan olvidada en el tanatorio. No me importa. Estaré muerta.

En estos días he vivido la obsesión de otros por recuperar cuerpos, por cumplir voluntades. He tratado de compartirlo y colaborar. Sigo sin entenderlo. La vida es otra cosa. Probablemente, lo único (ya veo a los jóvenes del canal religioso ese de la tele rasgándose las vestiduras). Y no es pesimismo, es que a mí no me consuela ir al cementerio, no me consuelan las flores de trapo ni el cumplimiento de las últimas voluntades. Me importa sufrir por la muerte ajena. Me importa que otros sufran.

2 comentarios:

ETDN dijo...

Completamente de acuerdo contigo, Kika. No entiendo el ritual de la muerte. Yo creo que a la gente hay que reirla o llorarla en vida.

bss

kika... dijo...

ETDN querida, todavía me llena de shock la obsesión que hay por el ritual de la muerte, que no por la muerte en sí misma, en este país... ya te contaré...

besos y magia
K