20 junio, 2010

El final del cuento

Llevo una temporada en la que todo el mundo dice que me he convertido en una estupenda augur. Es verdad. Hago predicciones y no me falla ninguna. En ocasiones las sustento en la lógica aplastante que siempre es resultado de un correcto análisis de las situaciones. Otras veces, se trata de conclusiones acertadas que salen de motivaciones incompletas. El resto, es sencillamente algo que siento en las tripas. Desde que me duelen todo el rato se han vuelto más egoístas, las tripas. Pero también han parecido afinarse con el entorno y me dicen más de lo que sentía antes.

Es raro. Pero también es cierto, y al final es lo que importa.

Creo que todo puede tener una explicación más o menos lógica. Este año he dedicado una buena porción de mi tiempo a preocuparme. En el sentido estricto de la palabra: me he ocupado de las cosas antes que nadie, y por eso me han pasado antes que a nadie. Es una sensación rara que suelo resumir como la que se tiene cuando se ha leído un libro y se lo prestas a alguien: sabes lo que está pasando y conoces perfectamente el final del cuento.

Antes pensaba que los seres humanos nos movíamos en una variabilidad de parámetros que hacía casi imposible la predicción del comportamiento. Era mi parte humanista aplastando a mi parte economista, supongo. La imposibilidad de la estadística para predecir nada relacionado con el comportamiento humano. Ahora estoy empezando a pensar lo contrario. Que cuando te conoces a tus clásicos, como diría Henar, simplemente hay que esperar a que ocurra lo que sabes que va a pasar.

Lo mejor de todo es que nadie te cree. Y cuando lo que has predicho efectivamente pasa, nadie se acuerda de que avisaste.

Mejor.

3 comentarios:

Miguel Ángel Maya dijo...

...No sé si tenerle miedo a tus dotes de pitonisa, o darte el beneficio de la duda...
...¿qué me aconsejas?..
...Un beso...

Reb dijo...

Yo me fío plenamente de tu poder...
he comprobado que casi todo lo que haces, lo haces muy bien.
Un abrazoooooo

@Raah_Ben dijo...

Suele ocurrirme lo mismo... Pero en mi caso se trata de la necesidad compulsiva de analizar todo lo que me rodea constantemente...
Es algo agotador, una maldición que me acompaña desde siempre y sin la que no sé si podría seguir viviendo.
Un saludo!