05 abril, 2010

La metáfora de la barca

La metáfora de la barca funciona bien para explicar mi vida. La barca que tiene agujeros, y yo sólo tengo diez dedos para taponarlos. Mientras el casco no se perfore más, se puede aguantar. Sin embargo, casi siempre se abren nuevos frentes, agujeritos de bala en la madera hinchada. Sacas un dedo de un sitio para impedir que el agua entre por el siguiente, esperando que el saldo no sea peor. Así sobrevivo, quiero decir que así no perezco, porque lo de sobrevivir suena mal, pero para mí no tiene esa connotación de hacer lo justo, porque muchas veces nos deberían dar una medalla por hacer lo justo.

Luego está lo de jugar a las batallas navales. Si me abordas y no quiero que estés en mi barca, la muevo de un lado a otro hasta que cabecea, hasta que el fondo del mar tranquilo y cercano a la playa termina por enseñar su corazón de galerna. Te muevo el suelo bajo los pies, para que te marches. Y no sé si es autodefensa, o el deseo de continuar, o la cierta asfixia que me produce que sigas ahí. Es verdad. Puedes decir que me ahogo yo sola fuera del agua. No te negaría parte de razón. Parte. Hasta el lugar por el que el razonamiento entra en un recodo peligroso de la realidad. Hasta que llego a la trampa. Creo que lo es. Casi nada es seguro cuando el suelo es madera sobre agua. No entiendo por qué te preocupas tanto por mí si no quisiste que estuviéramos juntos. Sólo se me ocurre que cuando te acercas, no sientes lo mismo que yo. Que en realidad que eso que hubo, lo que fuera, ya no está.

Yo no puedo. A mí hay un cierto sentimiento que se levanta de su tumba, inclasificable. Raro. Muchas veces no basta con clasificarlo todo como amor o su contrario. No es amor. Es un campo de minas. Es alguien que se ríe desde alguna esquina.

Y de mí - digo bajito, como para creérmelo - no se ríe nadie.

Te muevo la barca, oscila de un lado a otro. Hasta que te entienda, quiero que te marches.

Hasta que te expliques, hasta que te lo expliques, vete.

Perdóname por mover la barca.

Ya te he dicho que no puedo vivir sin entender. A menos que decida voluntariamente dejar de hacerlo.

No es el caso.

First you roll your eyes to heaven
Say you've never had love so divine
But it will go from more than ever
To not enough in no time

You will push and
You will push until
You push me away
I hear you cry out for your water
I know you'll curse it someday

Ani DiFranco, 78% H2O

2 comentarios:

Psique dijo...

Hola kika! La verdad es que yo también me he sentido identificada con la metáfora del barco, salvo que yo no muevo la barca, por lo demás todo igual.
Gracias por compartir tus pensamientos, un beso.

kika... dijo...

Psique... no es lo habitual, pero a veces hay que mover la barca...

besos
K