02 abril, 2010

Despedidas de soltera y el vestido de hada

Me llega un SMS. Un amigo me cuenta algo acerca de una despedida de soltero que tuvo la semana pasada. Yo odio las despedidas esas, en general. No sé si es porque pienso que son un rollo o una especie de precuela de la boda, porque te encuentras más o menos con la misma gente y a veces con verles una vez basta.

Últimamente sólo quise ir a la despedida de soltera de M., pero no por la despedida en sí, sino porque Queens se había ofrecido a organizarla y como todo lo que organiza, lo estaba haciendo muy bien. Pero es fácil perder la esencia de las cosas, y si no, la perspectiva, y además me di cuenta de que esa noche en la que nos íbamos de despedida ya tenía un compromiso. Un chuletón que tengo que comerme, con la tripa bien o con la tripa mal. Eso ya lo contaré.

El caso es que tengo dos bodas. Las dos bodas de este año tienen lugar el mismo fin de semana. Una el viernes y la otra el sábado. Voy a palmar. Directamente.

Y encima, lo de comprar los modelitos. Ahora mismo estoy en casa con un cabreo de proporciones monstruosas. Resulta que hace unas semanas me fui a buscar vestido para los dos eventos. Para una de las bodas lo encontré enseguida, pero para la otra, nada de nada. Miré todas las tiendas a las que podía acceder con mi presupuesto, e incluso algunas a las que no. Para no descartar nada de entrada.

Qué difícil está la cosa. Lo primero que he descubierto es que este verano se llevan los vestidos de fiesta cortos, y yo lo quiero largo. Iba a decir que lo necesito, pero no, digamos que lo quiero. Lo segundo, que ahora hacen muchos vestidos que te cuestan un dineral pero que ves desde el principio que eso te va a durar una sola puesta, porque las telas son tan delicadas que ya están llenos de enganchones en la propia tienda.

El caso es que encontré un vestido precioso. Es como un tutú gigante. No es de princesa, es de hada. Pero a mi madre no le gustaba. Y ya sé que soy mayorcita como para hacer todo lo que me dice mi madre. Lo que pasa es que en cuestión de moda tengo muy en cuenta su criterio. Aunque me quedaba fenomenal, no me lo compré. Que si era demasiado para una boda, que si muy bonito pero no sé...

Hoy he vuelto a la tienda con la esperanza de que hubieran traído cosas nuevas, pero lo que he visto no me ha encantado. Allí seguía el vestido de hada, tan tranquilo en su percha. Tan bonito.

Mi madre esta vez no decía nada, porque me parece que se está empezando a dar cuenta de lo complicada que está la cosa: lo que hay o no me gusta, o no me sirve... o me queda como a un Cristo dos pistolas. No decía nada, pero tampoco daba su aprobación. Y yo empezaba a estar de muy mala leche: ya no queda mucho tiempo y me estoy desesperando.

Cuando volvimos a casa, le digo que todavía no entiendo por qué en concreto no encuentra adecuado el vestidito de marras, y ella me deja seca diciéndome que nunca me había dicho que no me lo comprara. Toma ya. Porque me lo dijo en todos los idiomas. Vamos, al final va a ser culpa mía que no te lo hayas comprado...

¿Por qué no me dice nada claramente?

Aunque ahora que lo pienso, esta madrecita mía fue la que me dijo que no estaba convencida con el vestido para el Evento, y al final resultó que estaba monísima con él. Que me lo dijo hasta el gato. Así que estoy por no hacer caso e ir mañana a cerrar el asunto vestido. Para ir de hada por una vez en mi vida.

Ahora, sigo cabreadísima. Tanto, que tenía que haber quedado con Q. y no sé yo, porque enfadada soy muy mala compañía...

1 comentario:

Despedida Soltero dijo...

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