18 abril, 2010

Abajo los mitos

Yo es que prefiero no conocerte:
no sabes con qué facilidad
se me caen a mí los mitos
.
(Lady K a cierto artista)


Este fin de semana he estado en Ávila porque a Jesús Arribas, escritor y amigo, le hacían entrega de la placa y diploma de Abulense 2009. Jesús no nació en la capital, sino en un pueblo que se llama Pradosegar. Lo de Pradosegar es algo mítico. Creo que él no se acuerda, pero cuando era mucho más pequeña me contaba una historia acerca de la tienda del pueblo, que si no me equivoco se llamaba el Comercio. Los pormenores del Comercio casi se me han olvidado, pero no se me han quitado las ganas de ir alguna vez a conocer Pradosegar, más que nada por hacer eso tan sano que es unir mitos y realidad.

Desmitificar es otra cosa a la que me he dedicado durante el fin de semana. No sé si es porque me encuentro en un tiempo de pragmatismo personal o porque se me acumulan las cosas que no terminan de convencerme (donde digo cosas, mejor poner personas). Nada. A desmitificar, que de vez en cuando viene bien. La escritora cubana Mayda Anias, amiga también, me contó que estaba leyendo una biografía de Miguel Hernández (se llama El oficio de poeta. Miguel Hernández, de Eutimio Martín), que arremete contra el mito del poeta-pastor. Creo que es el típico libro que antes no me habría mirado ni por el forro, porque soy muy de filias y fobias con el tema de la poesía y en el noventa por ciento de los casos me da igual la opinión de terceros al respecto. Sin embargo, ahora me dan ganas de leerlo, porque me estoy terminando el de Javier Cercas sobre el 23-F y estoy, como diría Lady K, en mode desmitificador /on/. O al menos - no voy a dar por buenas algunas afirmaciones del autor de la biografía sin haberla leído - para plantearme que otro escenario es posible, en esta vorágine de homenajes.

Una de las cosas que me comentó Mayda es que según el libro en cuestión, la admiración de Miguel Hernández por Federico García Lorca no era recíproca. Eso me encanta, porque ni a Lorca ni a mí nos gustaba Juan Ramón Jiménez. Y teniendo en cuenta que diciendo eso en cualquier tertulia literaria la lías parda, me ratifico en que a veces desmitificar puede tener algo de buena idea.

Siempre que se recuerde, claro, que decidir que algo o alguien es un mito es una cuestión personal y que, por consiguiente, esa maniobra debe hacerla uno mismo. Nada de plegarse a otro tipo de intereses, especialmente los puramente difamatorios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué razón tiene Lady K, yo hay gente que más que no llegar a conocer me gustaría des-conocer, olvidar que los he conocido...

Por supuesto no lo deseo para la excelente escritora de este blog, la inefable e indómita K.

Yo no creo en los imprescindibles, ni en que todos los clásicos sean unos putos genios. Así que coincidimos, de nuevo.

Besos a puñaos,

Q

Anónimo dijo...

¿No tienes una categoría que diga "Anónima"? Es broma, no soporto los o/a de cada sustantivo/adjetivo (a). A lo que voy: Lo de los mitos da para mucho, muchísimo. Antes creía que se me caían los cristos cuando aparecía un desmitificado. Ahora cada mito pasa por todos mis porqués, una especie de lupa con la que se ve casi todo lo que termina siendo humo.
¡Ay, la trascendencia! Cómo gusta a unos y a otros