01 marzo, 2010

Como un trapo

En la vida todos tenemos estrategias para sobrevivir, porque hay días en los que se vive, pero otras veces nos queda simplemente seguir respirando o buscar la manera de darle la vuelta a la realidad para que sea soportable. Usamos estrategias, decía. Cada uno tiene las suyas, aunque no sé si por genética o alguna predisposición menos inmutable, las de la Humanidad tienden a coincidir en medios y fines. No somos tan distintos: nuestras miserias se parecen demasiado, por mucho que nos empeñemos en vernos especiales y libres de todo mal.

Una de las estrategias más comunes es conocida en mi casa como la del trapo. Es muy sencilla, como casi todas las maniobras de supervivencia.

Los ingredientes son tres personas a las que aquí llamaré, en un alarde de originalidad, el Primero, el Segundo y el Tercero.

A ver si me voy a perder.

Consiste básicamente en ganarte a alguien - el Primero - poniendo a un Tercero a caer de un burro. Creo que todos lo hemos hecho, y a casi todos nos ha pasado. A veces sale muy bien, porque el Tercero queda fatal ante el Segundo y además no se entera de lo que ha ocurrido, por lo que nunca se enfada con el Primero. En otras ocasiones, el Segundo se cabrea por lo que le ha dicho el Primero y llama al Tercero a pedir explicaciones. O a mandarle a la mierda directamente.

El Tercero no entiende nada, claro.

Ello puede hacerse con razón o sin razón, pero ya no importa. El Tercero ha quedado como un trapo y tiene que dar todo tipo de explicaciones. O pasar de darlas, en vista del tono del Segundo. Aquí hablo desde la experiencia: si la estrategia del trapo ha tenido éxito, ya no hay remedio. Por mucho que el Tercero diga que si tal y que si cual, el Segundo ha creído al Primero.

¿Por qué cree lo que le han dicho? Pues por el mismo motivo que todos creemos algunas cosas que nos cuentan pero no nos demuestran: porque el Segundo quiere creer.

Descubierto el asunto, el Tercero puede pensar, con toda legitimidad, que el Primero es un mierdecilla. O simplemente pasar del tema. Me ha utilizado. Pues que le zurzan.

Conclusión: si te han dejado como un trapo, piensa que la cosa no tiene arreglo y que quizá con el tiempo alguien vea el error que ha cometido. Si es que hay error.

Si, por el contrario, has dejado a alguien como un trapo, tampoco es cuestión de fustigarse. Todos lo hemos hecho alguna vez. No soy de esa gente que se cree moralmente superior a los demás.

La posición problemática es la del Segundo. Porque el Segundo nunca se pregunta por qué el Primero ha hecho lo que ha hecho. Le sirve. Ya está.

Y es al único al que no debería.

5 comentarios:

Nares Montero dijo...

Cuánta razón tienes! Y cómo duele que el segundo crea, se crea... y nunca te crea... la duda es lo único eterno?

Besos
N

Verónica (peke) dijo...

Porque la sociedad es hipocrita y nunca preguntamos antes de acusar o hacer juicios de esa persona... me ha encantado descubrirte, posees un gran blog.

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi rincon con tu taza de cafe caliente, siempre que quieras...

trovador errante dijo...

Gracias rubia.

(Besos)

Microalgo dijo...

A mí me suele tocar el papel del intento de segundo que defiende al tercero y con el que acaba cabreándose el primero. Lo que suele ocurrir es que el primero utiliza al tercero, entonces, de segundo, y el segundo pasa a representar el papel de tercero.

Pero en resumidas cuentas, lo que se debe saber con certeza es que EL PRIMERO ES UN HIJO DE LA GRAN PUTA, y punto.

¿O no?

Pues yásta.

kika... dijo...

Nares... ay, eterno, eterno creo que no hay nada... pero sólo puedo decir que en los últimos tiempos las dos veces que he sido utilizada como Tercera se trataba de un error, un error que he pasado de enmendar, por cierto...

Peke... encantada de conocerte. Vuelve pronto por aquí...

Trovador... de nada y de todo...

Microalgo... ¡¡¡¡EFECTIVAMENTE!!!! Ha tenido que venir el alga marina a dar el perfecto desenlace. El Primero es, invariablemente, un cabrón. Y lo mejor es darse cuenta a tiempo. Aunque sea de esta manera tan cruenta...

besos a todos
K