24 marzo, 2010

Apocalíptica

A veces parece que la vida elige tirarte piedras. De las que hacen daño, pero no matan. Lo que pasa es que siempre me equivoco y creo que no son piedras. Que son minas que he pisado, hacen clic y esperan para estallar y borrarme.

Para crecerme en el castigo necesitaría dejar de querer comprender. Acumular tres infinitivos y dejar de revolverme, pasar la angustia a un segundo plano. En realidad, hace tiempo que dejé de intentarlo. Me siento y espero que pase. Que desaparezca el campo de la muerte.

Cada vez un poco más, algunas veces un poco menos. Me duele todo por el cambio de tiempo y por los proyectiles que me han magullado el estómago.

Mi lucha es otra. Es no perder la fe.

Entender que el apocalipsis es de otros.

4 comentarios:

Psique dijo...

De todo se aprende, hasta de las "piedras lanzadas por la vida", o las "minas pisadas" por nosotros. Lo importante lo has dicho tú, seguir "queriendo comprender".Ánimo!!!!!!!! y sigue así.

Lara dijo...

ya sabes que una simple piedra-mina no tiene importancia en tu cuerpo.

ningún apocalipsis podrá contigo.

que ni se atrevan.

Andrea dijo...

Lo peor de todo es que muchas de esas piedras nos las lanzamos nosotros mismos.

Así de idiotas que somos, oyes.

Un saludo :)

kika... dijo...

psique... es verdad. Lo importante es perseverar. Con calma, pero perseverar...

lara... es verdad. Que ni se atrevan...

andrea... a veces, efectivamente, nos las lanzamos nosotros mismos. O, lo que es igual, somos incapaces de esquivar a tiempo...

besos
K