14 febrero, 2010

Acuario

Hace que no escribo porque tenía que pasar el día once, y el día de los enamorados, y llegar al fin del mes siguiente sin haber terminado este. Tenía que temerlo. Era lo mínimo. Temer que las cicatrices me hayan desfigurado tanto que me mire al espejo y no me reconozca, que no sea nada, que los finales sean tan sencillos como atravesar el barrio y no recordarte, absorta en mis papeles, en mis nuevas obligaciones. Pensar quizá en instalar el acuario, como cuando era pequeña, limpiar la grava del fondo, comprar los peces y protegerlos del choque térmico dejándolos nadar un rato dentro de la bolsa de plástico transparente en la que vienen de la tienda. El engaño de la libertad: ahora te dejo ir de esta cárcel translúcida, pero sólo para pasar a las cuatro paredes de cristal, aunque sepa que los peces no tienen memoria y se olvidan de que están encerrados antes de conseguir darle una vuelta entera a esta pecera.

No hay comentarios: